Estropicios

estropicio.
(De estropear).
1. m. coloq. Destrozo, rotura estrepitosa, por lo común impremeditada, de cosas por lo general frágiles.
2. m. coloq. Trastorno ruidoso de escasas consecuencias.

Estropicios. Le gusta esa palabra, le gusta como se escribe y como suena. Estropicios. Le gusta además el significado que esconde. Estropicios. La vida es una suma de ellos. De estropicios. Al volver a Buenos Aires, el departamento donde vivía me recibió como siempre: inmensamente solo. No obstante empezaron a llegar el resto de los habitantes y todo retomó su rumbo normal. Al otro día de su llegada, tuvo su primera entrevista de trabajo, he was so fucking nervous. No obstante, no pasó una semana y lo llamaron de la agencia de publicidad. “Analista de reportes de social media, mamá” le explicó por teléfono. “¿Y eso qué sería?” preguntó ella. “Deciles a todos que voy a trabajar en redes sociales” le simplificó.

Tenía el corazón en calma, lo tranquilizó el hecho de volver a Buenos Aires y conseguir trabajo. Germinó nuevamente la posibilidad de seguir regando las semillas de su sueño. Abrazaba la esperanza, esperaba ese llamaba y aprendió a refugiarse en las oraciones de San Expedito, mi San Expedito de las causas justas y urgentes, intercede por mi junto a Nuestro Señor Jesuscristo, para que venga en mi socorro en esta hora de aflicción y desesperanza, mi San Expedito tú que eres el Santo guerrero, Tú que eres el Santo de los afligidos, Tú que eres el Santo de los desesperados, Tú que eres el Santo de las causas urgentes, protégeme, ayúdame, otorgándome: fuerza, coraje y serenidad. ¡Atiende mi pedido! Que me llamen de la agencia, necesito este trabajo. Mi San Expedito, ayúdame a superar estas horas difíciles, protégeme de todos los que puedan perjudicarme, protege a mi familia, atiende mi pedido con urgencia, devuélveme la Paz y la tranquilidad. ¡Mi San Expedito! Estaré agradecido por el resto de mi vida y propagaré tu nombre a todos los que tienen Fe, muchas gracias. Todo salió bien: las causas urgentes tuvieron respuesta inmediata.


En el transcurso de esas semanas, leyó “Hot Sur” de la colombiana Laura Restrepo y “El Plan Infinito” de Isabel Allende. Luego tuvo oportunidad de conocerla a Restrepo en la Feria del Libro, quien cordialmente firmó la copia de su libro, such a lovely woman, que dulce, tan encantadora. ¿Qué aprendió después de leer “El Plan Infinito”? En palabras de la propia autora, lo siguiente: entendió que “por más que uno corra, siempre está bajo la misma piel, que somos nuestro pasado y que la vida es una suma de ironías. Tal vez cada uno lleva su plan adentro, pero es un mapa borroso y cuesta descifrarlo, por eso damos tantas vueltas y a veces nos perdemos. No se puede vivir dos veces: la vida no tiene borrar. Vas a vivir la vida entera, aunque te duela”. Estropicios. Y cuando nos perdemos, dicen, nos encontramos.

Ese día le dolió. Se escapó del departamento, huyó practicamente. Los manos y las piernas le temblaban, nunca había experimentado ese dolor. Ese dolor de rechazo. Pensó en su amigo, él no se lo merece, él tendría que recibir una explicación de su parte de su huida, pero no tenía tiempo. Y tampoco tenía fuerzas. Estropicios. Ella se despachó con todo, la otra, la que se descargó contra él, la que acumuló años de frustraciones y proyectó su odio ante las buenas noticias que él recibía a diario, la envidia le carcomía la cabeza. La envidia y los celos, if she only knew. En esta casa se hacen cosas, loco: si te gusta bien y si no ya sabés lo que tenes que hacer, eso le dijo. A él. A él que sólo quería dormir un rato más, las noches anteriores no pudo pegar un ojo de los nervios, por fin un trabajo, tanto que lo esperaba y ahora la ansiedad le quitaba el sueño. Pero ella no entendía eso, ella hervía en su propia mierda, en su propia furia.

¿Te morís de ganas por que me vaya? le preguntó. Y dio en el blanco porque su respuesta, la de ella, fue contundente. Contundente y dolorosa. Dolor de rechazo. Rechazo, envidia, celos. Estropicios. Dio media vuelta y clavó sus ojos, esos que detras de la inocencia esconden una vida triste y llena de resentimiento, y respondió “y sí”. “Si” no, “y si”. Un “…y sí” de ya no te soporto más, me molesta tu presencia, me molesta la vida, soy una condenada puta que la vida la jodió y me estoy desquitando con vos. Entonces él agarró sus cosas y se fue. Su cuerpo no le pertenecía, era un manojo de nervios. Chau estropicios, se despidió.

Llegó a la casa de su amiga, quien lo albergó en su departamento, pero él estaba feliz no por encontrar otro techo disponible, sino poder contar con amistad y generosidad abundante en otras personas. Tal como lo hacía su amigo, él también lo albergaba con hospitalidad y desmedido cariño. A diferencia que ahí, bajo el nuevo techo dónde vivía ahora, no habitaba un potencial Sleepy Joe.

Estropicios.

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