Del delirio al estropicio

Los días pasados estuve con un pie en La Rioja y otro en Buenos Aires, me pregunté por qué coños andaba yo dando vueltas absurdas por otro lado en pos de lo que se me había perdido; claro que recordaba vagamente el sentido de insatisfacción que me había sacado de allí e impulsado a buscar por fuera, lo recordaba, repito, pero sólo vagamente y no le encontré justifiación posible, en ese preciso momento todo me invitaba a quedarme en este lugar donde pese a mis cuatro años de ausencia siempre había estado presente, me invadió con fuerza inusitada la sensación de que todas las piezas del rompecabezas de mi vida casaban en esta casa que pese a haberla abandonado nunca había perdido; todo me impulsaba a regresar. Y en el medio estaba leyendo “Delirio” de Laura Restrepo. Sucede que la primera vez que compré un libro de esta autora fue por casualidad, nunca había escuchado hablar de ella. La tapa de “Hot sur” resplandecía en colores vivos y se llevó toda mi atención, ¿y qué tal este libro Fernando? Le pregunté a quién anota mis elecciones en la cuenta de papá en librería Rayuela. No recuerdo con claridad que fue lo que respondió pero me dijo que si no me convencía, que vuelva a buscar otro libro. Creo que nombró a “Delirio”, la novela con cuál la autora colombiana se ganó todos mis respetos pese a que sólo había devorado “Hot sur”,  “Dulce compañía” y “La novia oscura”.

Creo que ya comenté cuando conocí a Laura Restrepo en la Feria Internacional del Libro 2013, la dulzura de su caracter, la simpatía de su voz y su inolvidable acento colombiano quedaron impregnados en mi memoria. Ante de firmar mi copia de “Hot sur” le confesé que el personaje Sleepy Joe, ese pervertido católico caótico me desveló varias noches, que no me dejaba dormir y ella sonrió y dijo ¡con que a ti también te gusta este condenado! Y sí, como para no gustarme si es uno de los personajes que más llamaron mi atención junto a Clara del Valle de “La casa de los espíritus”, Aureliano Buendía de “Cien años de soledad” y Kate Cold de “La ciudad de las bestias”. Me firmó una dedicatoria personal y luego le regalé dos libros de mi papá que prometió leerlos. Lo que pienso ahora es que era impensado en ese momento en que esa mujer me hubiese facilitado, a través de sus libros, la voz, “y una sola movida verdadera; blanco es, gallina lo pone y frito se come, la adivinanza ha sido resuelta y ante nuestros ojos aparece,  redondo y completo, el huevo”.

“Delirio” narra la historia de un hombre que luego de volver de un viaje de cuatro días, encuentra a su mujer en el cuarto de un hotel con un total desconocido y completamente loca. “Agustina amor mío, será que no me recuerdas, pero a veces sí, a veces parece reconocerme, vagamente, como entre la niebla, y sus ojos se reconcilian conmigo por un instante, pero sólo un instante porque enseguida la pierdo y vuelve a invadirme este dolor tan grande”, y era tan intenso el ritmo con el que narraba Restrepo esta historia que contempla tantos aspectos de sociedad que sin darme cuenta me vi envuelto en una novela extraordinaria. Les contaba que encontré la voz, pero en realidad no es voz sino palabra, gracias a Laura encontré la manera en que quiero narrar, mejor dicho, la voz con la que empecé a narrar lo que sería mi primera novela. Digo primera porque estoy seguro que habrá una segunda, pero de eso no quiero hablar porque me enardece la ansiedad, “porque nada enardece más al intranquilo uque le digan tranquilízate, nada lo preocupa tanto como que lo inviten a despreocuparse.”

La gota que rebalsó el agua fue una conversación que mantuve con un compañero de trabajo. No sé como llegabamos a hablar de los nombres y entre sus recuerdos estaba el nombre de una señora que trabajaba para su novia, “Desamparados”. Me pareció increíble el nombre y me quedé pensando en él por varios días, hasta que una noche, sin intensiones clares le pregunté nuevamente el nombre de esa mujer y empecé a escribir, y no pude parar. Abundaron los errores de tipeo y ortográficos, aunque de éstos últimos muy pocos. Y la historia está inspirada de ese mundo dulce y agrio de una persona que amo con locura, “tu provienes de ese mundo  y si emprendiste fuga fue porque de eso ya habías comido bastante, ¿y acaso el sabor se olvida?, no reina mía, ese regusto a mierda permanece en la boca por más gárgaras de Listerine que hagas”. Si, mi reina me inspiró a escribir, cosas que pasaron y que imagino que sucedieron, para eso escribo, en memoria de tu memoria porque “pretendo librarla de su tormento interior al precio que sea, negándome a aceptar la posibilidad de que en este momento sea para ella mejor su adentro que a su fuera; que tras los muros de su delirio, Agustina celebre fiestas”.

“Nunca he sido hombre dedicado a cultivar recuerdos, lo pasado siempre se borra de mi disco duro, lo que no es el momento para mí es tierra de olvido, claro que dirás que de qué te han servido mis declaraciones de amor si en la práctica me comporto como un cerdo, y sin embargo es verdad que pienso en ti cuando estoy solo en mi dormitorio, que es como decir mi templo, y es verdad también que para el caspa que soy, no hay avemaría que valga aparte de tu recuerdo”, lo único que hice desde que he creado este blog es hacer eso y lo tengo un poco descuidado pero prometo volver pronto. Ahora sólo tengo cabeza para mi familia, mi trabajo y mis libros, “y por lo pronto no se me ocurré que más comentarte, bueno, lo que ya sabes, que aquí tengo todo el tiempo del mundo para pensar en ti, que es que suelo hacer cuando no quiero pensar en nada.”

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