La invención de Martín

“Ya, todos somos dos personas, o tres o cuatro; yo a algunas de mis personalidades ni siquiera me las he cruzado todavía”.
José Ovejero, “La invención del amor”

Voy a cometer una imprudencia: estoy escribiendo en este blog faltandole el respeto al propósito inicial del mismo. ¿Recuerdan que iba a actualizarlo cada vez que finalice la lectura de un libro? Bueno, hace dos semanas que este pobre #CuadernoDeVida está en stand by, en una pausa intermitente y molesta. Que escriba me pedían, ¿pero cómo hacerlo si el libro que estaba leyendo me irritaba? Si, bien leen: el libro me irritaba. Me incomodaba leerlo, y es sabido que no hay peor pena para un lector que un libro impuesto. Pero este libro no fue impuesto ni por mi padre, ni por amigos, ni por la crítica literaria que te lleva a comprartelo. Fue impuesto por mí, que es mucho peor: se trata de “La invención del amor” del español José Ovejero. Leí un par de reseñas y un “Premio Alfaguara de la novela 2013” en su cover. Leí las primeras páginas en PDF y me dije “¿por qué no?”. Resulta que me estoy comiendo un fiasco de aquellos. No es un libro aburrido, es una obra que no me atrapó como pensaba que podía llegar a hacerlo. Recuerdos a dos personas: una, mi papá, que anoche cuando le comentaba que ya iba por la mitad del libro y aún no le encontraba razón de lectura me contestó que él estaba leyendo uno y que le pasaba algo similar, “me enganchó en la página 205” agregó. También recuerdo a Camila, una compañera de Comunicación Social, que además de compartir carrera y puestos de ayundatía, compartimos el amor por los libros (debo aclarar que no soy ni la sombra de lo que es ella leyendo, ¡en qué momento lee tanto!). Ella abandonó un grupo de lectura de “Rayuela” de Julio Cortázar creado a través de Facebook porque simplemente no era el momento, el libro no la atrapó como a todos. Yo ni siquiera lo empecé (otro en mi #WishList). Que condenado de mi parte torturarme con un libro que no es mi agrado.

“Una mentira y todo cambia, se precipita, se disuelve. Una mentira y ya no puedes defenderte, decir: ‘No es posible, te juro que no es así’. Porque ya te has creado un persona y has convencido a los demás de que ese personaje eres tú; y ahora no puedes salir tú mismo a escena para mostrar quién eres. Ahí está, tu doble, el otro inventado que querías que diese la cara por ti. Una mentira y ya no eres nadie, ya no existes, porque ahora a los ojos de los demás eres otro, ese que has dicho que eras”.

¿De qué va “La invención del amor”? Es la historia de Samuel, un hombre entrado en años que un día recibe la inésperada llamada de un desconocido anunciándole que Clara había muerto. Fascinado con suplantar a alguien, se inventa un amor con esta chica fallecida y bueno, ahí queda en ustedes saber que pasó. Yo aún no lo terminé y creo que lo voy a dejar de lado por un tiempo, restan un par de hojas para saber cómo la novela finaliza. ¿Y si le invento el final? ¿Y si el libro no es más que eso, una invitación a reflexionar qué tanto inventamos de nosotros mismos? ¿Y no es acaso la invención un eslabón fundamental de nuestra #Identidad? ¿Y qué hacemos con los rasgos de nuestra #Intimidad que guardamos para nosotros mismos y los suplantamos con otros que hagan de nuestro “Yo” algo más interesante? Cuantas veces inventamos: inventamos sonrisas, inventamos “buenos días”, inventamos caricias e inventamos sombras para no sentirnos tan miserables, “como cuando hemos dejado pasar una de esas oportunidades que de haberla aprovechado nos habría reconciliado con nosotros mismos”.

“Es sabido que queremos que los ojos del otro reflejen no lo que somos, sino aquella persona que nos gustaría ser, aunque tengamos que cargar para ello con la sensación de insuficiencia al intentar adaptarnos a esa imagen ideal, más bien a esa deformación favorecedora de nosotros mismos. Y luego, en general, con el paso del tiempo, acabamos conformándonos con quienes somos, dejamos de fingir, reprochamos al otro que espere de nosotros más de lo que podemos darle, olvidando que justo eso era lo que le habíamos prometido”.

El tema de las invenciones es que no siempre son producto de nuestros sueños más íntimos, ni de nuestros anhelos más profundos. Mucho menos de nuestras ilusiones desorbitadas. No. La mayoría de mis invenciones nacen de las frustraciones, de lo que no es ni pudo llegar a ser, invenciones generadas del miedo. Invenciones que me hacen creer que aún estoy vivo. ¿Y cuantas veces inventamos recuerdos de lo que nos hubiera gustado que haya pasado? Un primer beso que en lugar de prisa, sea de amor por ejemplo. Una caricia detenida en el tiempo, eterna como la mano de quién nos toca. Nos inventamos hasta una piel  capaz de cubrir la auténtica, la rasgada, la llena de cicatrices. Cuantas veces nos inventamos un amor que carece de una emoción primera y de un final contundente; qué felices nos hacen esas historias que en lugar de un punto final, terminan con puntos suspensivos.

“Siempre he evitado la palabra amor. Un sustantivo devaluado, una moneda tan usada que ha perdido el relieve de manera que se puede acariciar entre los dedos sin percibir imagen alguna; una moneda que no me atrevería a dar en pago por miedo a ser mirado como un estafador”.
Este texto no tiene razón de ser, pienso. Escribo porque la urgencia de hacerlo tranquiliza mi ansiedad. Que sanadora puede ser la escritura, que poder curativo llegan a tener el peso de las palabras. Si leíste hasta acá, te felicito porque significa que algún sentido le encontraste. Yo no. A lo mejor acá es cuando cada uno empieza a escribir sus propios finales, sus propias invenciones.
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2 comentarios en “La invención de Martín

  1. Antes que nada, gracias por mencionarme. Así es. si hay tantos libros que leer, por que torturarse con uno que no te atrapa? Mejor dejarlo para después, no no volver a leerlo nunca más, si no esperar que le llegue el momento. De todas formas fue muy difícil decidirme a dejar Rayuela, por la fama de tremendo libro, pero un amigo me dijo que no me deje llevar por la presión social, y así hice.
    Pero el libro te sirvio, te sirvo para pensar en esto que escribirte. Lo cual es muy cierto, la gran ventaja o salvedad del hombre, su capacidad de imaginar. Pero también puede ser una gran trampa. ¿cuantas veces a uno no le costo seguir adelante, por seguir inventado, como decís vos, dejando con puntos suspensivos, una historia que tiene punto final.? Al menos yo todavía estoy atrapada en una.

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