Héroes o payasos

Editorial Alfaguara, 2009

“-¿Ves? Ya empezaste a exagerar. Te digo que tengo un recuerdo bueno, uno solo, y ya tú corres a adornar toda la historia con resplandores. Hasta al patán de mi padre le pones resplandores, como si llevara aureola de santo.”

Laura Restrepo, “Demasiados héroes”

Hace unos meses atrás escribí sobre los héroes de mi sobrino en un post llamado “Mi superhéroe favorito”. En ese texto. poco reflexioné sobre lo devaluada que está la figura del #Héroe. En la reseña del libro “Demasiados héroes” de la escritora colombiana Laura Restrepo, la editorial resume la novela en el siguiente párrafo: “Lorenza y Mateo llegan a Buenos Aires en busca de Ramón, el antiguo amante de Lorenza y padre de Mateo, de quien ella se enamoró durante la «guerra sucia» argentina, cuando los dos eran apasionados militantes que se oponían a la dictadura de Videla.” No obstante, la historia encierra intenciones mucho más profundas que esa corta descripción que se encuentra en la contratapa. El libro, narrado en un tono tragicómico, es la búsqueda de #Identidad de Mateo, del intento de rescatar la figura de su padre con esperanza y pese al resentimiento que éste se borrara de su vida cuando tenía apenas dos años. Por otro lado, Lorenza no carga a su hijo con la mochila de animosidades ajenas, propias de ella por ejemplo. Por el contrario, Lolé -así la llama Mateo- sólo cuenta su experiencia desde el dolor. Desde el dolor de madre y de esposa separada, desde ese dolor que carece de un final certero, un dolor con olor a mujer que ha sufrido por amor. O mejor dicho por desamor, dolor de #Separación. El contexto en el que leí esta novela es muy diferente al propuesto por la autora, pero ahora que escribo sobre este libro es inevitable no ponerme en la piel de Mateo, porque a fin de cuentas lo que vengo haciendo en este blog es reconstruir la imagen de mis padres a través de los libros que voy leyendo.
O sos un #Héroe o sos un payaso. Básicamente esa la línea argumentativa sobre la que se desarrolla la trama de “Demasiados héroes”, lo que yo interpreto como un “o te la juegas hasta el cuello o te lavas las manos y aquí no paso nada” aunque después seas el hazme reír cobarde de tus amigos. O de tu familia, o compañeros de trabajo; no importa para quién. Laura Restrepo humaniza la figura del #Héroe en todas sus dimensiones y lo hace a través de la voz de Lorenza, quién se niega revelarle el resquemor que siente por el padre de su hijo al propio Mateo. Cuando mis papás se separaron yo tenía 5 años y mi hermana 6. Yo entraba a mi último año de jardín y ella ingresaba a su primero de la escuela primaria. Fue en el pasillo de la casa de mi abuela materna donde recuerdo a un Martín pequeño llorando aferrado a su mamá. quién le explicaba que sus padres se habían separado. Nunca le pregunté a mi mamá cómo fue que nos explicó que ella “no estaba más junto” a papá, pedírselo ahora sería un despropósito, “es descorazonador que te modernicen los recuerdos”. Como si uno a los 5 años cayera en cuenta de la magnitud de esas circunstancias cuando a esa edad uno piensa que el amor es eterno, que la felicidad es obligatoria, que lo malo sólo sucede en las películas de niños donde seguramente un #Héroe vendrá a ponerle los puntos en su lugar a los malvados de turno.  Yo no recuerdo muy bien cómo fueron esos 5 años antes de que mis viejos se separaran. Recuerdo muy poco ese núcleo básico familiar, recuerdo casi nada qué significa ser feliz en ese entonces. A partir de los 6 años fue cuando empecé a escribir otra historia, a buscar argumentos en la vida que me ayudaran a darle forma a esa angustia de saber que mi familia estaba diluida. Durante años fui ese Mateo de “Demasiados héroes” que buscaba trozos de historias que pudieran asistirme al momento de decir quién era mi papá. Porque mi papá no despareció de mi infancia como el de Mateo, pero para mí era más fácil decirle a todo el mundo quién era mi papá, profesor de matemáticas y escritor, que decirmelo a mí mismo. Porque yo sabía que mi papá era algo más que eso; pero no sabía precisamente qué.

O sos #Héroe o sos un payaso. Como Lorenza, mi mamá tampoco cargó en nosotros -hablo también por mi hermana- un posible resentimiento, un dolor de mujer separada proyectado en sus hijos. Todo lo contrario: con precisión recuerdo que ella nunca nos habló mal de nuestro padre, nos enseñó a respetarlo y quererlo pese a que era inevitable que de vez en cuando se le reproche esa ausencia que a veces llenaba todo. ¿Cómo era posible entonces entender que dos personas que se amaron y trajeron dos hijos al mundo se dejaran de amar? “De dolor de tripas, de corazón, de cabeza: el castigo desmedido que es el desamor, esa pequeña muerte. Como si mi infancia estuviera marcada por pequeñas muertes”, pequeñas sombras que a uno lo persiguen hasta que puede cortarlas, esos fantasmas de un pasado que uno va poniéndoles nombres y apellidos. Mi mamá fue muy valiente. ¡Qué coraje, cuánto amor por sus hijos! Cayó en un pozo depresivo que la convirtió en un proyecto de zombie, de ahí entiendo eso de la #PequeñaMuerte. Mi abuela y tía Teresa fueron las encargadas de criarnos, pero de eso hablaré en otra oportunidad. Me atormentaba pensar que a mi padre lo veía solo dos veces por semana; y las veces que nos veíamos era como si no tuviéramos nada para contarnos. Jodida ironía, ¿no? Pero las cosas cambiaron para bien de todos.

Un payaso o un #Héroe. “Pasado que ha sido amansado con palabras no es memoria, es acechanza”. Con el tiempo aprendí que a los padres no se les debe reclamar nada, ni tampoco perdonar (¿perdonarles de qué?). Los errores cometidos por uno mismo siempre trata de proyectarlos a los padres; que mi padre estuvo ausente o que mi madre me exigía mucho. Las bolas las ausencias y las exigencias. Son personas como uno, carajo. Hace un años atrás, hablando de la #Seperación de mis padres con mi estimada profe Leila, que dejaba de ser profesora para convertirse en una suerte de consejera de confianza -hasta la fecha-, recuerdo que me dijo que al tener “tan internalizado el conflicto, lo pudiste resolver por vos mismo”. Y con esa frase no sólo quedé fascinado nuevamente por la inteligencia emocional de mi profe Leila -escribo “mi” como si fuese propiedad privada- sino que también me di cuenta que yo mismo me ahorré años de terapia. No es que esté en contra de terapia, pero es cierto que de chico me rehusaba a la idea de tirarme un diván a contarle a un extraño cosas que ni aún sabía cómo etiquetarlas. Hoy es 1ro de septiembre, faltan 22 días para mis 24 años y escribo con un orgullo que me desborda de los dos porque tanto mamá y papá fueron #héroes. Nunca payasos.

Mis padres siempre fueron, son y serán #héroes, auténticos, victoriosos, ejemplares, cada uno en diferente medida. Pero no sólo #héroes, también los dos son #Humanos.

“-Ya ves, no eres el único que intenta domar tigres con párrafos redactados
– Eso está bueno, meterse a la jaula del tigre y darle por la cabeza con un cuaderno.”
Siempre que estoy por terminar un texto me cuesta mucho encontrarle un cierre que al menos deje reflexionando a quién lo lea. Esta vez escribo sonriendo el párrafo final de esta reflexión -si se le podría llamar así a este a revoltijo de palabras-. Sonriendo y con ganas de abrazarlos a ambos. A los recuerdos hay que escribirlos, o al menos contarlos cada tanto. Hay personas que viven de su pasado, eso sí que me parece triste. Yo vivo para mi pasado, que es muy diferente: siento una entrega plena cuando vuelvo a él. Vuelvo a mi pasado y escribo para enfrentarme con palabras a esas fieras que amenazaban con derrotarme. Cada vez que escribo unas líneas de lo que fue -nunca de lo que pudo ser-, siento que relleno grietas en mi memoria, como si de alguna forma u otra, hubiese avanzado un casillero más, como en un juego de mesa, un nivel más de esta búsqueda de #Identidad, de preguntarse quién es uno, quién soy yo, si soy un #Héroe o un payaso. A veces me siento un payaso pero porque me río de mí mismo. A veces me siento un #Héroe porque en la vida cotidiana aprendí a rescatar los recuerdos de quienes alguna vez me hicieron todo lo posible para salvarme de una existencia ordinaria.

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2 comentarios en “Héroes o payasos

  1. realmente exelente,como sacaste a la luz ese momento,y tu forma de amasar ese episodio de tu vida.me quedo con la frase o te la jugas hasta el cuello o te lavas las manos y aquí no paso nada.

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