A veces tengo miedo de crecer

 “Qué extraña enfermedad es la pasión. Desde niños llevamos en el ánimo un dolor, una herida sin nombre, una necesidad frenética de entregarnos al Otro. A ese Otro, que está dentro de nosotros y no es más que vacío, lo intentamos encontrar por todas partes: nos lo inventamos en nuestros compañeros de universidad, en el colega de trabajo, en nuestro vecino”.

Rosa Montero, “Amantes y enemigos”

"Amantes y enemigos. Cuentos de pareja" de Rosa Montero
“Amantes y enemigos. Cuentos de pareja” de Rosa Montero

Anoche escribí el siguiente mensaje de texto: “A veces tengo miedo de crecer”. Busqué entre los contactos de mi celular a mi tía Tere y apreté en la pantalla “Enviar”. Enviando, enviado. Error al enviar mensaje de texto. Me había quedado sin crédito. Estaba llorando. Resulta que arreglé mi notebook y accedí a las mil y un carpetas con tantísimo archivo que hace 7 meses no revisaba. Vi fotos de estos últimos años, un  pequeño resumen de una vida completa. 23 años, a días de cumplir los 24. A esta edad #LosOtros esperan que ya seas fruta madura, que por lo menos tengas un camino definido en la vida, que persigas objetivos, que hagas algo, que seas alguien. Macanuda y jodida tarea ser alguien. Tras la frustración de no poder enviar el mensaje a mi tía,  recurrí a llamar a mi papá para decirle que lo extrañaba. ¿Qué haces papá? Nada, m’ijo, veía el partido de Argentina. Bueno, luego te llamo. ¿Pasó algo malo? No, no, sólo llamaba, hablamos mañana. Y corté. “Sólo llamaba”. Sólo llamaba para decirte que te extraño, pero la oración se encogió, se hizo un bollito y no se animó a salir de mi boca. Inmediatamente llamé a casa (tengo la maldita manía de decir “casa” a la casa donde vive mi mamá con mi tía, a la casa donde viví con mi abuela Sara, a la casa de aquel rincón florido que es Malanzán, a la casa que compró mamá, tantas casas) y al primer “hola”, la tía Tere me preguntó si estaba resfriado. No, estuve llorando, mariconeando ya en la primera semana que llevo sólo en el departamento le confesé. Era obvio y predecible que en cualquier momento el dique se iba a rebalsar, que el glaciar que cubría mis emociones empezara a derretirse, capa por capa dejando al descubierto ese sentimiento que puja entre angustia e incertidumbre, entre ese qué carajo estoy haciendo acá, si venir hasta aquí valió la pena cuando la familia tira de un lado y el trabajo te tira del otro.

“A veces tengo miedo de crecer”. Si esto se lo contaba a un amigo o compañero de trabajo, seguro me sentiría ridículo. “El dolor de amor suele resultar ridículo ante los ojos de los demás” sostiene Rosa Montero. Hay temores que nos avergüenzan, como por ejemplo mi fobia a las palomas. Lo bueno es que luego esos temores se vuelven punto de partida para todas bromas posibles. Hay otros temores que nos paralizan de miedo, pasé por ese tipo de miedo a mediados de este año y cada vez que recuerdo #Eso, me pongo triste. Es un dolor animal que no puedo controlar, es indómito. Indómito como toda emoción capaz de voltearnos. Hay muchos miedos, ¿cuál es el que atormenta ahora? Llegar a fin de mes sin plata. No, mentira. Me parece grosero, de mala educación hablar de sueldos (está permitido pero no en demasía). Gracias a Dios que tengo trabajo, sino estas horas no estaría escribiendo estas líneas. O a lo mejor sí pero en otro contexto. Anyway, las palabras son como los libros: llegan cuando tienen que llegar. En lo que escribía este párrafo llegó de visita mi amigo Fede (ahora somos vecinos) y en lo que releía estas palabras creo que me arrepentí de lo que les iba a contar: me guardo mi mayor miedo a ese espacio reducido que aún conservo de #Intimidad. Anoche, mientras Fede fumaba un pucho sentado en el pequeño balcón de mi departamento, mientras hablábamos de todo el agua que pasó bajo el puente, tanto de su puente como del mío, pensé en todas esas personas que me dijeron “te vamos a dar una mano cuando llegues a Buenos Aires”. No sé si se quedaron mancos o qué, pero ahí, en esa noche donde nos contamos hasta los más ínfimos detalles, se reveló la autenticidad de una amistad. En fin. “En eso consiste la vida justamente: en tener que elegir entre un miedo y el otro” reza la española Rosa Montero en uno de sus cuentos de “Amantes y enemigos”. Ahora no tengo muy en claro a dónde va este texto, carece de intensiones claras y quiero evitar aburrirlos. “Soy plenamente consciente, al iniciar la escritura de estos folios, de que mis contemporáneos no sabrán comprenderme” escribe Paulo Rumilio, uno de los personajes iniciales de la saga de cuentos cortos que reúne Montero. Flor, mi compañera de trabajo se reía de mí porque se preguntaba qué diantres hacía yo leyendo cuentos de pareja cuando estaba más solo que un perro. Me reí con ella porque tenía toda la razón del mundo. Pero no tan sólo: paso a contarles en el siguiente párrafo.

Llego a casa y veo la ropa tirada, los platos sucios, la cama sin hacer y el baño aún mojado. Me enojo. Alguien no hizo sus deberes, pienso. Qué te costará darme una mano desgraciado, mascullo entre dientes mientras junto la ropa del piso y empiezo a doblarla nuevamente para guardarla en las valijas que hacen de roperos. Si te levantaras cinco minutos antes por lo menos tendrías tiempo de tender la cama, calculo mientras termino de acomodar las almohadas en la cabeza del somier donde dormimos. Luego de siete meses de convivir con diferentes personas me tocó hacerlo con el más jodido de todos: conmigo mismo. Es como un viaje de introspección cotidiana. Me evalúo, a ver qué tan práctico sos Martín, ya te quedaste sin un peso del sueldo y no llegaste ni siquiera a mitad de mes, cero puntos en administración. Pero que rico te salió este arroz con crema y pollo al wok, ¿arroz de nuevo Martín? Really men? I know you can do it better. Deja de joder y come arroz con salchichas picadas que bastante mal te salió ese omelette improvisado. Es un diálogo incesante (ojo, no es que me esté volviendo loco porque de hecho ya lo estoy) entre yo y mis otros yo, donde me permito ser y me castigo por no haber sido. One of me is wiser, one of me is stronger, one of me is a fighter and there’s a thousand faces of me dice la canción “Army of me” de Christina Aguilera que no dejo de escuchar estos días. Una traducción acertada sería: “Una de mi es más sabia, una de mi es más fuerte, una de mi es una luchadora y hay mil caras de mi”. Sí, uno vive tantas vidas en una sola que hasta se convierte en el ejercito propia de uno mismo (¿cuantas capas tiene la #Identidad?). Un ejército de Martincitios que desfilan a paso marcado como un soldado. Y de pronto se desordenan, no obedecen, se ponen caprichosos o sentimentales. Luego toman su rumbo, aguardando cualquier oportunidad para revelarse nuevamente. Así de caprichosa es la #Identidad.

“A veces tengo miedo de crecer”. Así como anoche estaba fatal de llanto, hoy escribo esto con medía mueca. Mueca de alegría. Te escucho bien, me dijo mi papá hoy por teléfono. Hoy mis compañeros de trabajo me hicieron reír mucho, estamos tapados de trabajo pero inundados de risas. Uno de mis #miedos era caer en un trabajo con compañeros antipáticos, pero no: me tocó la #MesaUna –así la bauticé yo porque es la primera que mesa del piso de la agencia sin contar la del boss-. Aquí dejo una foto que me gusta mucho, es la única que tengo de mis compañeros: ahí están Flor y Fede, también sale Paula pero como se volvió a Colombia la careichimba (¿lo habré escrito bien esta vez?) debería borrarla con photoshop y agregar a Rocío que se sumó hace poco. Pero no sé usar photoshop así que tendremos que esperar otra oportunidad para sacarnos una foto. Debajo de esta foto adjunto otra foto, la de mi equipo de Noticias UNLaR porque también pienso seguido en ellos. Con algunos mantengo contacto, del resto perdí el rastro. Dice Montero en “Amantes y enemigos”: “Qué terrible pobreza, qué desamparo el de quien no tiene en qué pensar antes de la pequeña muerte de dormir. Ahora cerraba los ojos y sólo veía oscuridad. Un infierno polar de hielo negro. Se puede vivir sin dinero, se puede vivir sin familia, se puede vivir sin amor, incluso se puede vivir sin vivir (esto es, viviendo una vidita miserable). Pero es imposible seguir adelante sin tener ensueños dentro de la cabeza. Sin que palpite en tu interior una pequeña idea ni se enciendan algunas fantasías por los rincones. No hay nada tan insoportable e inhumano como la ausencia total de imaginación.” En esa #MesaUno desborda creatividad. Desbordan las malas palabras, los guiños, la complicidad. Pero sobre todo desborda algo que muy pocos pueden decir de su trabajo: desborda compañerismo.

Con todo el equipo del ex Instituto de Producción Audiovisual

La #MesaUno

Punto aparte.

Sigo.

Pienso mucho en vos Sara, te siento demasiada enferma como para luchar con los recuerdos. Seguro me recordás. Soy una de las pocas personas con las que tu Alzheimer fue piadoso. Pero sé que en el fondo de ese olvido late un dolor. Leí en uno de esos cuentos de Montero una definición que te encaja a la perfección. Dice lo siguiente: “Lo que sobrecoge de ella es eso, su triunfo sobre el tiempo. El saber que ha existido infinitamente antes de que nacieras y que seguirá existiendo infinitamente después de que tú mueras.” Infinita, eterna, inolvidable. Hoy me acordé de vos todo el día, de vos y de la abuela Pochola. El día del maestro. Las dos maestras. Seguro te llegaron flores como todos los años. Seguro las viste, dijiste que eran hermosas, preguntaste quién las había enviado y te quedaste observándolas para luego olvidar el motivo de esas flores en tu casa, quién te las había regalado y te dedicaste a perder tu mirada en petalos que te devuelven la belleza a los ojos: siempre admiré tu simbiosis con las plantas abuela. Que te deshidrataste hoy y que papá no se animó a entrar a la pieza porque no quería verte mal me contó María. Escribo de vos para sentirte aquí, en este sexto piso del barrio de Recoleta. Que tu sueño fue vivir sobre Avenida Corrientes me decía el pá. Digamos que cumplí medio sueño ajeno, si por mí fuera cumpliría tu sueño y un par más, pero suficiente tengo con mis sueños que bastante desvelado me tienen y el irresponsable con el que vivo ya debería estar durmiendo porque mañana a primera hora tiene ir a trabajar. “A veces tengo miedo de crecer y que mi familia no esté ahí para verme” serían las palabras que podrían resumir y hacer contundente a esta catarata de cuentos cortos que resulta ser la vida.

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3 comentarios en “A veces tengo miedo de crecer

  1. Hermosas y emotivas palabras mi querido Martín. A todos nos da miedo crecer… cambiar… evolucionar. pero eso es la vida y solo de esa manera nos superamos. Tengo a mis otros yo alterados, pero sujetos para no salir y molestar a este yo que intenta seguir adelante. Besos miles!!!

  2. Todos tenemos miedo amigo, hasta un terco obstinado como yo. Ojo, a veces disfrazamos el miedo con la ansiedad. Es lo que me pasa a mi, vivo ansioso, x dar los siguientes pasos, el tema pasa por decidir cuál es ese siguiente paso. Y con todo lo que concibe. De eso se trata, crecer. De apostar, ganar y perder. De sacrificar algunas cosas, en pos del progreso personal. De amar o callar, etc. Su futuro es prometedor, tiene apenas 23, así que disfrute, y recuerde que “la vida es una sucesión de prioridades.” Abrazo.

  3. Hay mi querido Martin!!! bellas palabras, resumiendo la montaña rusa de la vida. Y si….. crecer …. todo un tema, también me pasa muchas veces de tener ese temor, pero arriesgarse el lindo, jugársela es lindo, no por el hecho amigo de ser un inconsciente o irresponsable, sino porque te queda la tranquilidad que lo intentaste y sobre todo te queda lo que aprendiste en ese intento que nadie te lo quita.!
    Sos una persona que admiro mucho por tu coraje, empeño, dedicación. La vida te tiene preparadas grandes cosas!!! espéralas con tranquilidad y disfrútalas!!!

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