Batracios imperfectos, gatos panza arriba, mariposas amarillas

Publicado originalmente en Data Rioja el 16 de abril de 2014

http://www.datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=5857

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Lo bien o mal que uno lo pasa cuando se encapricha en construir ideales depende de cuánto nos vuelve loco esa persona que conocemos o creemos conocer. A veces resulta ser un perfecto desconocido que le ponemos tanto adorno que lo terminamos construyendo a nuestra medida.

La locura, el espanto, el delirante “tic-toc-tic-toc” de una bomba a punto de estallar en las manos, un big bang clavado en el medio del pecho. Cuando uno se enamora, el corazón parece siempre estar a punto de colapsar. ¿Sintieron alguna vez ese loco ardor por una persona, el deseo de recorrerle el cuerpo entero dándole rienda suelta a la imaginación? ¿Experimentaron esa sublime urgencia de sentir la piel del #Otro sobre la propia, ahogarse en una vergonzosa angustia por medir las #Palabras que se deben a usar para no espantar, y finalmente conquistar a ese #Otro?

Uno arma y desarma ilusiones, magnifica y minimiza hechos, cicatriza heridas ajenas y le pone sal a las propias, se ensayan mil maneras de ser para el #Otro. Nos postergamos, apostamos a un posible nada, vamos y venimos en un puente hecho de puras incertidumbres que no sabemos si conduce finalmente al #Otro. Y luego uno choca, se hace trizas contra el muro de #LoQuePudoSer, aún sabiendo que nada nunca ha sido. Que nada fue, nada es… Ni será. Nos estrellamos en un firmamento de ilusiones rotas.

Uno es para el otro y se olvida de ser para sí mismo, entonces no es sorpresa cuando uno quiere que un ser amado que se fue vuelva pero no por uno, sino por ambos; esto es: si vuelves que no sea por mí, que sea por #Nosotros. #Nosotros, ese engendro maravilloso que nace del “tu” y el “yo”. #LoQuePudoSer nos infla, nos eleva, nos hace sonreír sin propósito pero también nos aplasta, nos ignora, nos duele desgarradoramente cuando se ausenta y nos abandona en la sombra del olvido. 

¿Y qué es lo que queda entonces? Pues uno mismo desnudo, derrotado y vulnerable, con la piel herida y expuesta una vez más: uno queda con el corazón en la mano y tiene que luchar como gato panza arriba para erguirse de pie y seguir caminando.  #LoQuePudoSer es ese pájaro que nunca nos dio alas, pero que en algún momento nos hizo volar. Al fin y al cabo, #LoQuePudoSer es vacilación pura, una duda persistente, la incertidumbre esperanzadora hecha #Palabra. Porque es a ella, a la #Palabra, a la que nos aferramos cuando todo parece estar perdido. A la #Palabra de aliento, de consuelo, del brote de una nueva ilusión. Somos como ese personaje de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez; Mauricio Babilonia, vivimos rodeados de mariposas amarillas.

Te mordés los labios para no admitir que te derrota su sonrisa porque sabes que en cuanto menos lo esperes arremete con todo, nuevamente, la desilusión. La desilusión es sentir ese inconfundible aleteo de mariposas deshaciéndose en la panza. Nos empecinamos tanto en conocer hasta el detalle más ínfimo del #Otro que somos capaces de escavar su mirada para perdernos completamente en ese veneno que nos mantiene con vida.

Las personas no cambian. Se debe aprender a vivir con ese punto de resignación, de saber que hay batallas que las vamos a tener luchar solos, por nuestra cuenta. Habrá guerras y derrotas, tristes pérdidas. Pero quedará en nosotros fotografiar un arco iris en el campo de batalla porque después de toda tormenta, el cielo te regala un arco de colores: en sus nubes heridas, un filo de luz se muestra para nosotros y debemos aprender a abrazarla antes de que desaparezca.

Dice la escritora española Rosa Montero en “La ridícula idea de no volver a verte” que la mayoría de las mujeres -aunque creo que aplica tanto para hombres, mujeres, heterosexuales, bisexuales, homosexuales, todo ser humano que se precie de tal- están “empeñadas en cambiar al amado para que se adapte a nuestros sueños grandiosos. Creemos que, si le curamos de sus supuestas heridas, emergerá en todo su esplendor nuestro amado perfecto. Pero las ranas son ranas y es injusto exigirle a un batracio que se convierta en otra cosa”. 

Si bien nos hacen luchar como gatos panza arriba, seguimos besando esos batracios imperfectos porque al fin y al cabo, nos hacen volar en una nube de mariposas amarillas.

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