Un dios que se equivoca

Publicado originalmente el 9 de abril de 2014 en Data Rioja

http://www.datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=5836

Celebro la imperfección del diseño a partir del cual nos construyeron a los seres humanos porque entre esas grietas también moldeamos quienes somos. Lamento profundamente cómo nosotros mismos aceleramos el proceso de mutilar nuestros propios órganos sensoriales, aquellos que nos permiten aproximarnos a esas fibras tan misteriosas e inexplicables que constituyen el mundo.

 

“Ojo por ojo, diente por diente” es la premisa de la Ley del Talión. “Ojo por ojo, y el mundo quedará ciego” retrucó en su momento Mahatma Gandhi. Bueno, digamos que además de ojos y dientes, nuestro cuerpo cuenta con más órganos a través de los cuáles podemos tocar, oler, saborear, intuir cada centímetro de la vida. Estamos dotados de tanto… Pero los enfrentamientos cara a cara, esa sed de venganza tan “a mano propia”, tan hecha a la medida de “algo habrán hecho” y de “se lo merecen” nos desnuda no sólo una violencia colectiva in crescendo sino también una insensibilidad que, como un ejército de células negativas en onda expansiva, va dañando nuestra piel social.

En el libro “Los juegos del hambre” (2008) de Suzanne Collins, donde los diferentes participantes de dicho terror lúdico deben matarse los unos a los otros para proclamar un vencedor, las escenas de asesinato son televisadas para que todo el mundo pueda verlas y recordar que no se deben revelar contra el Capitolio, la ciudad encargada de mantener el orden. Entonces los habitantes de los diferentes distritos observan como los involuntarios participantes se clavan flechas en el pecho, se acuchillan por la espalda y matan a golpes a otros ciudadanos para salir finalmente con vida de este juego. “¡Y que la suerte este de vuestra parte!” vitorean segundos antes de empiece la sangrienta masacre, tratando con total naturalidad la violencia que forma parte de ese discurso que se interliza de tal manera que define contornos cada vez más sórdidos en nosotros mismos.

Llamalo Alá, Buda, Cristo, Shiva o Zeús. Ponele el nombre que se te antoje. No importa el nombre que le des a aquello que le otorgue sentido a tu existencia y te responde con la fe necesaria para que construyas tu mundo pese a las incertidumbres sobre las cuales caminamos. Alguien (o algo) diseñó y armó estos seres totalmente imperfectos: nosotros, los humanos. En mi familia se repite mucho el dicho “Dios sabe por qué hace las cosas”.  A mí, particularmente, me convence mucho más creer que ese Dios –o esa energía suprema que nos mueve- comete errores tan humanos como nosotros, y que se evalúa a sí mismo en base a esos desaciertos para optimizar estos cuerpos sociales. Sí, es una visión menos dogmática pero más tolerable para entender con mayor claridad cómo se construye nuestra #identidad colectiva.

 “Hasta que no te toque atravesar una situación como esa, no vas a entender” podría ser la respuesta genérica que uno podría recibir. Igual creo que no se trata de reducir todo a una respuesta genérica y para nada empática, hay una complejidad enorme detrás de cada caso y se requiere un esfuerzo analítico titánico para abordarlo con el debido tacto. No obstante, creo que cuando a uno le suceda, cuando a uno “le toque”, cuando uno sienta hundirse en las arenas movedizas de la impotencia y la rabia; y crea morirse de bronca  y de dolor por una injusticia cometida, podrá experimentar esa amarga dualidad que procede de la tranquilidad de sentirse acertado a costillas de los errores de ese Dios que se equivoca cuando nosotros también nos equivocamos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s