Que nos les pase como a mí

A lo mejor La Rioja no es el lugar que elegí ahora para vivir. Sin embargo, ella vive en mí. Que no les pase como a mí, que para darme cuenta de esto tuve que ir y volver hasta convencerme que ese siempre será mi lugar en el mundo.

 

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Al final de mi película favorita, “Volver” (2006) de Pedro Almodóvar, Raimunda (Penélope Cruz) le confiesa su madre: “-No sé cómo he podido vivir todos estos años sin ti”. E Irene, interpretada por la brillantísima Carmen Maura, le responde: “-No me digas eso, Raimunda, que me pongo a llorar. Y los fantasmas no lloran”. “Volver” encierra ya en su título esa enorme contradicción que es mitad mueca y mitad sonrisa; el deseo frustrado de estar en dos lugares a la vez, dos fuerzas que chocan de frente: las ganas de quedarme envueltas en una riña feroz con las ganas de volver.

Cuando varios domingos lejos de la familia se empiezan a acumular, cuando despierto y no hay olor a asado de papá, ni la voz estridente de  la tía, ni veo a mi madre tejiendo en la cocina de casa;  ni existe hermana que te siga mimando, ni sobrino que te haga ver la misma película una y mil veces; las memorias vienen en forma de puñal, despiadadas y filosas. Entonces es que empiezo a replantearme una suma de decisiones tomadas y me pregunto  (y repregunto) por qué.

Y es que a veces, me enojaba tanto porque no me daba lo que quería, ni me devolvía todo lo que le entregaba. Es que me di o tanto y ahora solo me queda la amarga sensación de tener tan poco. Después de todo, se quedó con lo mejor de mí: mi casa, mi familia y amigos, mi infancia   y parte de mi juventud, se quedó hasta con mi primer “te amo”. Es que le  demandé tanto, y llegué a respetarla tan poco. A uno no le queda más que admitir que el anhelo  puede atentar contra todo proyecto de vida y que no hay presente sin un pasado que lo atraviesa por doquier.

Salgo del trabajo, yendo por avenida Cabildo pienso que el camino es largo hasta la avenida Castro Barros. Y llego a casa a encerrarme en mi departamento en Recoleta sabiendo que lejos está ese rincón florido de Malanzán. Que nos les pase como a mí, que para concretar mis sueños tuve que abandonar el lugar donde tanto tiempo soñé. Que no les pase como a mí, que a través de la óptica de la distancia empiezo a mirar las cosas de otra manera. Que nos les pase como a mí, que tuve que alejarme para ver la grandeza de La Rioja.  Cuando puedo vuelvo, me acerco aún más y sonrío porque volver es cruzar el umbral de la casa que te vio crecer para recordarte que en realidad nunca te has ido.

Nota publicada en DataRioja el 21 de mayo, 2014: 

 

 

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