Bolsas rotas

 

Volvía del supermercado con tres bolsas cargadísimas y me encontraba aproximadamente a unas cinco cuadras de casa, cuando una de ellas se desfondó y algunos productos cayeron sobre la vereda. No fue muy inteligente de mi parte guardar los pomelos junto a dos botellas de soda, lo sé. Pero a lo que voy es que además de enojarme y gritarme a mí mismo un par barbaridades, pensé en alguien que también cargó bolsas de supermercado por mí.

 

 

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Generalmente, es mi tía Teresa la encargada de hacer las compras de la casa. Cuando vivía con ella, en muchas oportunidades me negaba a acompañarla al supermercado porque a decir verdad carezco de paciencia para pasear góndola por góndola, comparando precios y chequeando en la lista lo que ya se compró o falta comprar. Entonces, me quedaba en casa y perdía el tiempo viendo televisión o en la computadora. No obstante, ella iba igual al supermercado y volvía con el baúl del auto cargado con la compra del mes. Y por ahí andaba yo, en casa, haciendo no sé qué o haciendo nada mientras ella se deslomaba yendo y viniendo con dichas bolsas.

Al ver un pomelo rodando por Avenida Pueyrredón y haciendo malabares para que la rúcula y la palta no se escapen de otra bolsa, recordé lo poco agradecido que fui con ella. O mejor dicho, resignifiqué en ese tiempo congelado todas aquellas nimiedades que uno pasa por alto en la vida sin agradecer, sin detenerse ni siquiera un momento a ver el esfuerzo que -por más mínimo que sea- #losotros están destinando a uno mismo. Le prestamos poca atención a las pequeñas escenas de la vida, donde la cotidianidad hace nido y no deja ver lo grandioso que pueden ser ciertas actitudes o palabras.

En uno de sus poemas de “La vida ese paréntesis” (1997), el grandioso Mario Benedetti escribía que “la verdad es que todo lo que amamos, todo lo que nos duele y lo que somos existe más acá del horizonte”. No se debería darle lugar a la ausencia y a la distancia para abrazar esos relatos de la vida cotidiana que escribimos a la par de los otros. Porque hasta en los momentos de mayor desesperación, se puede descubrir un acto de amor y hasta se puede encontrar belleza en un par de bolsas rotas del supermercado.

 

Fuente: http://bit.ly/1wg9Mv6

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