Un flaco que se esfuerza

Hacemos lo que queremos con nuestro cuerpo, lo cuidamos, ignoramos o postergamos. Siempre se nos ocurre que a los templos hay que respetarlos, pero nunca falta oportunidad para profanarlos.

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Con el cuerpo nacemos y con el cuerpo morimos. Es lo primero y lo último que traemos al mundo. En definitiva, el cuerpo es todo lo que tenemos. Y por eso lo cuidamos (o no). Vamos al gimnasio y con suerte logramos sujetar alguna carne floja, regulamos nuestra alimentación en ridículas dietas, nos momificamos en cremas y demás productos químicos, nos construimos siempre para gustarle a #LosOtros. Y nos olvidamos de esa premisa obvia dice que primero tenemos que gustarnos a nosotros mismos para gustar a #LosOtros. Dirán que no estoy comentando nada nuevo, pero resulta que pasan los años y a mí todavía no se me ha dado eso de gustarme, de verme al espejo y sentirme lindo. Lindo. Ni bello, ni un Adonis: solo lindo, un poco de amor propio. Nunca me ha faltado un piropo pero esas son pequeñas caricias mentirosas que no entran a mi casa. Antes de dormir, me veo el cuerpo entero y siempre encuentro algo que no me convence.

Qué manía estúpida la del ser humano de buscarse los mil y un defectos. Pecho plano, ¿dónde están mis pectorales? ¿Por qué tanto vello acá? ¡Pero qué piernas tan flacas! Hacen juego con estos brazos larguísimos. Mi mamá dice que tengo dedos de pianistas, ¿eso será bueno o malo? La mancha famosa de nacimiento en el lugar menos indicado. ¿Y esas espantosas estrías de dónde carajo salieron? ¿Se irán sin hacer ruido? ¿O dejarán pequeños cráteres en mi piel como lo hizo ese maldito acné que me destruyó la cara cuando era adolescente? Y estas orejas de Dumbo, qué grandísimas. No, no son grandes: están muy despegadas del cráneo. Y el pelo, qué pelo pajoso, seco: no hay shampú ni crema de enjuague ni ampollas para recuperar el cabello. Qué cuerpo desproporcionado, qué mal amasado, qué caducidad hecha carne y vencimiento anunciado. Hay quienes al dormir se miran al espejo y éste les devuelve lo que quieren ver: todo en su lugar, perfectas simetrías.

Qué lucha gustarse uno mismo cuando los #Complejos caen con peso muerto sobre el cuerpo desde que abrís los ojos hasta que los cerras. Qué tarea titánica gustarle al #Otro cuando el espejo te declara guerra cada vez que te muestra tu reflejo. Hay quienes viven por y para su cuerpo, esculpiéndolo, sacándole lustre a esas pieles perfectas, les debe doler ser tan bellos. Hay otros quienes hacen caso omiso al cuerpo, pues les da igual lo que #LosOtros dicen o no de él, hacen su rutina diaria con total normalidad. Luego está la zona de la eterna batalla, en la que me ubico yo, en la lucha diaria por gustarse, por convencerse que si se esfuerza un poco más puede alcanzar ese ideal que uno construye para sí mismo pero también para #LosOtros. El cuerpo, ese templo que tanto protegemos es a la vez lo que tanto aborrecemos. Pero también es nuestro último recurso: con él batallamos hasta nuestra última guerra, puesto que solo somos proyectos de cadáveres.  Claro que me hubiese gustado tener el rostro de Matthew Bomer, la espalda de Channing Tatum o la agerasia de Jared Leto; pero esos son ideales y solo me queda el cuerpo que me ha tocado. Qué maravilloso sería trascender el cuerpo, aunque sea imposible desligarnos por completo de él. Y si me preguntan si me gusto aun pese a todo el esfuerzo que hago por agradarme pues les respondo con la verdad: no, no me gusto en mi totalidad. Pero me esfuerzo.

Fuente: http://bit.ly/UyGETT

 

 

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