El miedo de las ideas

Todos tenemos ideas brillantes que deben ser divulgadas. Habrá quienes apoyen y cooperen a que estas ideas superen el plano mental y se puedan crear cosas hermosas. Habrá otros que ante la idea de algo nuevo, el miedo no los haga reaccionar.

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Las charlas TEDx suponen un doble desafío. El primero es el de los oradores, de aquellos que en un lapso de no más de 18 minutos tienen que convencer al auditorio de que sus ideas valen la pena ser difundidas. Por otro lado, la otra parte del desafío recae en el público presente: son ellos los que se encargarán de capitalizar de cada una de las charlas, alguna frase, alguna experiencia, algún ejemplo que los movilice. O al menos que los haga indagar sobre cuestiones que hasta ese entonces parecían ya dadas y que de hecho, no lo son.

En La Rioja, estas charlas fueron un quiebre a la hora de realizar una nueva lectura sobre cómo se entiende a la cultura en nuestra provincia. Creo que el principal problema al cuál se enfrentaba esta nueva propuesta radicaba en ir contra esos pilares tradicionales sobre los cuales se construye la modernidad de nuestra actual cultura. Las charlas TEDx proponen construir cultura, a partir de lo que ya tenemos pero sumándole todo aquello que pueda hacerla lúdica, híbrida, rica en creatividad y hasta multidimensional.

La primera vez que participé en una charla TEDx tenía 22 años. Fui como espectador, como un oyente más que evaluaba constantemente una serie de charlas de oradores locales, nacionales e internacionales. Este año, a los 24, me encontré del otro lado, como orador. Y con todo lo que eso significa: tenía la total libertad de decir todo lo que tenía de decir sobre mi tema y también cómo lo iba a decir.

Claro está que estas experiencias no vienen solas. A esa autoridad que tenía sobre el tema, se sumaron muchos otros factores naturales como la ansiedad y los nervios, el miedo a equivocarme –cuando irónicamente en mi charla contaba sobre lo importante que es equivocarse para encontrar lo nuevo dentro del error-. Lo bueno es que no era el único orador que tenía miedo, los otros oradores también tenían una cuota de inseguridad de cómo enfrentar ese auditorio de aproximadamente 300 personas.

Lo bueno es que ese miedo inevitable nos hace reaccionar. Bien o mal, actuamos. Y así como actuamos los que teníamos que orar, también esperamos que actúen aquellos que nos escucharon. Que le pierdan el miedo a las ideas –a las propias y ajenas-, porque ya hay demasiados cobardes atrapados en sus zonas de comodidad. Hay demasiada mente chata cuyo escudo es la peor de las ignorancias. Lamentablemente, aquel que se resiste a aprender: pierde.

Mi padre sostiene que hoy por hoy los profesores tienen que ser más que docentes, unos provocadores. Bueno, en las charlas TEDx hubo unos cuantos provocadores que sin proponérselo, hicieron algo de docencia. Uno siempre está enseñando lo que necesita aprender: TEDx nos permite escuchar esas diferentes maneras que tienen otras personas para entender la vida, pero también nos enseña a perderle el miedo a nuestros propios miedos.

Hay ideas que incomodan y otras que movilizan. Hay ideas que nos quieren adormecer, pero tenemos ideas para enfrentarlas y decirles que preferimos ideas que nos hagan soñar. Tenemos ideas para creer. Tenemos ideas para crear. Crear de por sí es creer. Podemos reaccionar entonces ante el miedo, resolviendo nuestros conflictos con estas ideas que pueden cambiar los estándares de la sociedad. El miedo no es tonto. Pero, lamentablemente, hay tontos que aún tienen miedo.

Fuente: http://bit.ly/1wbaXNW

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