Flor de debate

Un Lanata que no ve a Flor del a V como mujer ni como madre, un ex fan de Harry Potter enojado porque develaron que un personaje de la saga literaria era gay, una pareja de ancianas que finalmente decidieron dar el “sí”. Debaten por aquí, debaten por allá.

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Traigo un hecho que sucedió semanas atrás, porque era una deuda pendiente que debía escribir. Trata este párrafo sobre los desafortunadísimos dichos que Jorge Lanata vertió sobre Florencia de la V. Entre estas brutalidades, que se hicieron eco en los principales medios, escuché frases como la siguiente: “Cuando a Flor de la V le dan el documento y dice ‘soy mujer, soy madre’, discúlpame: no sos, en todo caso sos padre… pero me da lo mismo. Definite vos como quieras”. ¿Tan difícil es aceptar las alternativas que uno elige para ser más allá de hombre/mujer – madre&padre? Además de sufrir de un heterosexismo insoportable, esa mirada invisibiliza y devalúa las subjetividades que se apartan de la heteronormatividad, parece ser que al propio Lanata le hace falta definir a la gente. O peor aún: someter públicamente a  la gente se defina a sí misma. Pueden hacerlo, como también pueden elegir no hacerlo porque definirse, también es limitarse.

Irrumpe en medio de ésta disputa mediática, la peluquera trans Lizy Tagliani. Tras una vida dedicada a peinar a las famosas, Lizy fue tocada por la varita mágica de Marcelo Tinelli y de la noche a la mañana se convirtió en una de las figuras mimadas del conductor. Ahora está bailando por un sueño en la pista de Showmatch. En su primera performance, balbuceó un par de palabras y dijo: “Ay, este micrófono no anda bien… ¡me sigue haciendo voz de hombre!”. Y el público -y Marcelo- estalló de risa. Así, monólogo tras monólogo, Lizy narra desde el humor de dónde viene pero lo que más admiro de ella es el lugar desde donde se narra a sí misma: desde la seguridad de saber quién es. Cada vez que escucho las hilarantes anécdotas de Lizy, recuerdo la frase final del monólogo de La Agrado en “Todo sobre mi madre” (Pedro Almodóvar, 1999): “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Entre broma y broma, la verdad se asoma: no hay nada más valioso que ser quien uno es.

“Cuando dijiste que Dumbledore era gay, dejé de ser fan [de Harry Potter]” le recriminó, vía Twitter, el joven Frank Fraticelli a la escritora J.K. Rowling. La autora de la saga “Harry Potter”,  le aconsejó que siga en Twitter a Brian Souter ya que éste “se parece más a ti”. Resulta que Souter es un empresario y filántropo escocés que financió una campaña para que los colegios no acepten la homosexualidad en las aulas. Para aquellos que no lo saben, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore fue el mago más respetado, desempeñó el cargo de director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y le dio los mejores consejos a Harry Potter. Esos mismos consejos fueron los que llevaron al joven mago a tomar las decisiones para poder vencer al temible Lord Voldemort. Como docente innato (¡aportó más a la educación de lo que ese papirote de Souter!), Dumbledore enseñó a toda una generación de lectores la verdadera magia que se revela en la vida en esos instantes donde la adversidad nos pone a prueba: uno debe evaluarse siempre desde donde cada uno es (esto no lo dice él textualmente, sino es una mera conclusión mía).

Siglo XXI y aún se nos dice cómo comportarnos, cómo vestirnos, cómo vivir, cómo amarnos…. ¡cómo SER! Esto último es lo más terrible, que aún hay un heterosexismo que insiste inútilmente en indicarnos qué deberíamos ser: no quiénes, sino qué.  Lo que más duele es cuando se debate desde la estolidez y la intolerancia, desde el más sórdido desinterés de generar empatía, desde el desamor. Se deberían multiplicar historias como la de los alumnos brasileños que fueron al colegio en pollera en apoyo a una compañera trans que fue sancionada por ir clase con falda.  O como aquella pareja de ancianas, que luego de décadas de amor, decidieron dar finalmente el “sí” en Iowa: Vivian, de 91 años, y Alice, de 90. Mientras que unos están más preocupados en determinar la naturaleza de la semilla de la que nacen estos debates, y mueren en la infertilidad argumentativa carcomidos por sus propios prejuicios, otros ven estas discusiones ramificarse y ramificarse porque saben que al final de cada tallo, por más débil que éste sea, siempre se puede encontrar una hermosa flor.

http://datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=6186

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