Lo sublime del amor

Con el advenimiento de la primavera, se multiplicaron las imágenes de parejas enamoradas: muestras explícitas de amor a plena luz del día, desde románticos besos con ramo de flores bajo el brazo incluido hasta brillantes sonrisas de oreja a oreja. Mientras unos se regocijan en los albores de ese romance floral, otros no tenemos más remedio que esperar y esperar…

06

Llevo 25 años de ininterrumpida soltería. He tenido más suerte escribiendo que ganándome el afecto auténtico de otra persona. Tengo amigos a los cuales debo adjetivar con ese inevitable binomio de “amiga-pareja”: porque son dos amigos, y porque son pareja; y yo siempre el amigo solterón que rechaza las invitaciones al cine para evitar ser el señalado como el tercero en discordia. De hecho, la mayoría de mis conocidos tiene una relación estable. Y yo acá: escribiendo esto y ustedes leyéndolo. No les voy a mentir: soy como ustedes, también me gustaría enamorarme y sentir el aleteo desesperado de una mariposa en el corazón. Pasan los años y más convencido estoy de que los seres humanos vinimos a este mundo a amar y recibir amor, no hay con qué darle.

Hace poco cayó en mis manos “El amor en los tiempos del cólera” y, tras devorarlo, mis intenciones de enamorarme se elevaron a la enésima potencia. Pasé semanas flotando en un romanticismo envolvente culpa de Gabriel García Márquez. En la primer página, tengo escrita una dedicatoria de mi papá, que reza lo siguiente: “Martín, es probable que ésta sea una de las mejores novelas del Gabo, de ella aprendí que el amor es una larga espera”. Leyendo este libro, atravesé todas las etapas que uno pasa cuando está enamorado: el flechazo del amor a primera vista, la angustiante espera de una posible respuesta, el éxtasis de la pronta consumación, la inevitable decepción ante la desilusión. Así estamos: leyendo novelas románticas esperando que pronto nos toque a nosotros tener la suerte de ser autores, protagonistas y narradores de alguna historia como la de Florentizo Ariza y Fermina Daza.

Esta novela entra en esa categoría estética de lo sublime. Es la belleza extrema hecha palabras, capaz de conducirnos a un éxtasis que va más allá de lo racional e incluso nos provoca dolor por ser imposible de asimilar. ¿No es así, acaso un poco, el amor? Porque insistimos en construir castillos de naipes aun sabiendo que ante el primer soplo de viento, inexorablemente, se cae. Pero así como nos empecinamos a levantarnos después de cada golpe, seguimos esperando: porque siempre hay un roto para uno que se está rompiendo, pero sobre todo porque nos sobramos bastante cuando nos falta alguien. Yo aún estoy en búsqueda de ese amor de novela, que soporte la luz encendida en una de mis tantas noches de desvelo donde lo único que se me ocurre es leer. Un amor que, con toda la suavidad del mundo, deje sobre la mesa de luz el libro que estaba leyendo antes de dormirme. Y que apague la luz, me envuelva entre sus ramas y con un beso me diga “hasta mañana”. Solo al amanecer podré decir que, finalmente, el amor empieza donde termina el cuento.  ¿Cuánto puedo esperar por esto? Quién dice, toda una vida.

 http://datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=6199
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s