Los libros que no terminamos de leer

Están ahí, postergados en algún rincón de ese ser coral que es la biblioteca. Por alguna razón u otra, hemos dejado suspendidas esas historias.

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La biblioteca es en sí un ser coral. Cada estante está lleno de libros que hemos leído y que hemos de leer. También hay lugar para aquellos que hemos abandonado a la mitad, o un poco antes, o un poco después. Abandonamos sus lecturas porque no generamos empatía con los protagonistas, porque la historia nos aburre, porque el autor o la autora no ha podido conquistarnos, o simplemente porque no es el momento de leer ese libro. Nos damos por vencidos, doblamos la esquina de la página dónde estamos o dejamos marcado con un separador ese momento en que decimos: “Hasta aquí llego yo”. Es una suerte de reafirmación a nuestro poder de decisión, de soltar aquella historia que no nos está sumando para nada. Es por ello que digo, que los libros que no terminamos de leer forman, de alguna forma extraña y también inconclusa, parte de lo que somos.

Miro mi biblioteca y encuentro en ella algunos títulos que dejé por la mitad este año, uno es “El Resplandor” de Stephen King, otro “El diario de Ana Frank”, y así un par más que si sigo enumerando, podría escuchar en mi cabeza el eco de los lectores que sí leyeron estos libros diciéndome “¡¿Cómo has podido dejar de leer este libro?!”. Siento una acusación pulsante pero a decir verdad no hay nada que me importe menos que un dedo apuntándome. No los he terminado y no está en mis planes terminarlos aún (al menos, no esta semana).  Tomar la decisión de dejar un libro requiere de una valentía que es difícil simular en la vida real, fuera de esas páginas. Armarse de valor para cortar una historia -por más buena o mala que sea- requiere un esfuerzo extra para dejar lugar a esos puntos suspensivos.

Quedaron muchos cuentos sin leer. Quedaron muchos amantes trágicos sin consumar su amor y un par de misterios sin resolver. Damiselas por rescatar, héroes por vanagloriar. Y así como pasa con los libros que no terminamos de leer, lo mismo pasa también con nuestras vidas. Todos tenemos un marcador pendiente, una esquina de página doblada, un capítulo inconcluso que nos cuesta leer hasta su punto final. Como una herida abierta que no termina de cicatrizar. En nuestras manos descansa la oportunidad de darle rienda suelta a nuestra imaginación y pensar qué hubiera sido si… Somos un puñado de borradores, producto de ese insomnio inoportuno. Sospechamos que se aproxima una final que no es feliz y cerramos de golpe el libro olvidando que pese a toda historia, siempre somos nosotros nuestros propios héroes.

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