Las cosas del olvido (Cuento corto)

“Llueve” dijo.

“Llueve” repitió para sí misma aunque estaba sola en la calle. “Llueve como si nunca hubiese llovido antes”. Era una lluvia anunciada, la estaba esperando. Durante todo el día el asfalto no hizo más que sudar humedad. Esa humedad que deja sin aliento a las flores, esa humedad que se sube a tu espalda con el peso muerto de un elefante, y que al caminar, parece que transitas en un espacio sin gravedad. Estaba a una cuadra de casa, mejor dicho, de su antigua casa. Esa en la que ahora ya no habitaba nadie salvo el recuerdo. O tomaba un taxi y se iba a su departamento o caminaba unos pasos más y se refugiaba, por esa noche, y solo por esa noche de lluvia, en esa casa. Decidió lo segundo: emprendió el camino a la casa que la vio crecer pero no madurar, porque era consciente que al salir de esas cuatro paredes, al romper el sentido de pertenencia, formaba parte de ese grupo solitario y tan vasto a la vez. Era una persona que pertenecía al mundo. “Qué irónica es la lluvia” pensó mientras buscaba en el bolsillo de su tapado la llave. Mientras abría la puerta, dio continuidad a ese pensamiento interrumpido: “Qué irónica es, que lava un par de heridas y abre otras”. Entró a la casa. A esa casa que era ahora suya, pero a su vez, parecía ser de nadie más que de ella misma. La casa era en sí su propia casa. Y adentro bailaba la memoria. Y las cosas. Ahí estaban todas las cosas. Las cosas de la casa le miraban como reclamándole un afecto que subsane el tiempo ausente, todos esos minutos que el techo de esa casa no le protegía la cabeza, todas esas horas que su cuerpo no se movía por esos pasillos. El contorno de las tazas, las sombras de los muebles, el silencio que queda flotando en el espacio luego de sacudir los almohadones de los sillones, la luz de la calle que entraba por las ventanas, que una vez abiertas, hacían circular el aire de esta casa que respiraba. Inhalar al abrir la puerta, exhalar al abrir las ventanas: la casa estaba viva. Recorrió la biblioteca con parsimonia, de la misma manera en que los recuerdos se asomaban por la ventana de la memoria. Los recuerdos no eran más que eso, un instante que arde en soledad. Había un cierto sabor a angustia en sus labios, podía sentirlo. Tocó. Tocó libro por libro con la mano, como quién domestica una fiera, amansaba cada estante. Detuvo su mano sobre uno, lo sacó y sopló el polvo que cubría las hojas. Lo abrió y leyó el siguiente poema:

“Hay que arrimar una escalera para subir. Un tramo le falta. 

¿Qué podemos buscar en el altillo 

sino lo que amontona el desorden? 

Hay olor a humedad. 

El atardecer entra por la pieza de plancha. 

Las vigas del cielo raso están cerca y el piso está vencido. 

Nadie se atreve a poner el pie. 

Hay un catre de tijera desvencijado. 

Hay unas herramientas inútiles. 

Está el sillón de ruedas del muerto. 

Hay un pie de lámpara. 

Hay una hamaca paraguaya con borlas, deshilachada. 

Hay aparejos y papeles. 

Hay una lámina del estado mayor de Aparicio Saravia. 

Hay una vieja plancha a carbón. 

Hay un reloj de tiempo detenido, con el péndulo roto. 

Hay un marco desdorado, sin tela. 

Hay un tablero de cartón y unas piezas descabaladas. 

Hay un brasero de dos patas. 

Hay una petaca de cuero. 

Hay un ejemplar enmohecido del Libro de los Mártires de Foxe, en intrincada letra gótica. 

Hay una fotografía que ya puede ser de cualquiera. 

Hay una piel gastada que fue de tigre. 

Hay una llave que ha perdido su puerta. 

¿Qué podemos buscar en el altillo 

sino lo que amontona el desorden? 

Al olvido, a las cosas del olvido, acabo de erigir este monumento, 

sin duda menos perdurable que el bronce y que se confunde con ellas.”

“Qué hijo de puta este Borges”. Parecía que escribía todo en un par de puñado de palabras. Sonrío y volvió a putear a Borges. “Inventario”. Cerró el libro y lo volvió a su lugar. Se detuvo un segundo a pensar, “¿es este el lugar del libro? ¿Es este ‘tu’ lugar?”. Cómo podía determinar con exactitud el lugar de un libro si ella misma había roto su sentido de pertenencia al irse. Caminó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua. Cerró la canilla y tomó un sorbo de agua. Mientras el agua recorría su garganta, Julia volvió a sentir el escrutinio de las cosas de la casa. Todo era tan propio, todo le era tan ajeno. “Así es la vida” pensó. Tomó otro sorbo de agua y rumió la idea de que la muerte es más segura que la vida, aunque esté ahí, suspendida como una flecha en un arco esperando a ser disparada. ¿Cuánto había perdido al decidir marcharse de esta casa? Sentía que nunca lo podría saber. No lo imaginaba, lo sentía… que era mucho peor. Ignoró las migas que se escondía en los medanos del mantel arrugado. Se dirigió a lo que alguna vez fue su habitación y se sentó en el borde de la cama. Estaba todo en su lugar (de nuevo, otra vez, esa voz propia preguntándole, “¿su lugar?”). Cerró los ojos. Cerró el libro, cerró la canilla, cerró los ojos. En cada final, un instante de eternidad. Escuchaba las gotas de lluvia que se suicidaban contra el cristal de la ventana. Otras, más afortunadas, podrían colarse por las ranuras. Era una ventana que estaba entreabierta. Y ella, se preguntó, ¿qué clase de gota sería? ¿La que se rompe contra el vidrio de su propia casa. haciendo la acción inversa, de adentro para fuera… o la que logra burlar espacios y entrar a ese lugar inexorable y único que constituía lo que logró ser? Lo que es. “En lo que soy… ¿en qué me he convertido?”. Se recostó y se durmió bajo el rumor de la lluvia, pensando en las cosas del olvido que seguían ahí, distribuidas por toda la casa esperando a que la noche se disuelva. Todo lo que fue, esa noche, la lluvia lo mojó con angustia. Todo lo que fue, y todo lo que nadie más le podía devolver. “Nadie puede devolverme mi infancia” pensó antes de dormir.

La lluvia jamás podría empapar todo lo que decidió, ahora, ser.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s