Ustedes también van a llegar a viejos

308
No hay algo que me duela más que el maltrato a los ancianos. Y no estoy hablando solamente de esa hijaputez de cuidadores que aprovechando la soledad nocturna de los geriátricos, hacen y deshacen a cachetadas a un par de viejos y luego salen escrachadas en filmaciones por algún noticiero. Hablo también del otro tipo de maltrato. De aquel que se hace público e impúdicamente, por ejemplo, en la cola del correo, en la de un supermercado o en cualquier lugar donde los que están del otro lado del mostrador creen que por tener un uniforme de una multinacional pueden tratar a los pobres viejos como se les cante.  Ellos tienen que vivir en la plenitud de su vejez porque recorrieron más que nosotros para llegar a dónde están parados hoy, tiene que ser tratados con el respeto debido y que se les otorgue el lugar que merecen: son el relato vivo más valioso que poseemos los seres humanos.
Esta mañana mientras hacía trámites en el correo una mujer de unos aproximadamente 70 años le preguntaba con el último aliento que su voz le permitía a un mono amaestrado cómo hacer determinado trámite, y éste, parecería que lo hacía a propósito, le repetía el mismo discurso previamente ensayado un par de instrucciones inaudibles. La mujer se acercó un poco más a la ventanilla, y el robot humano repitió con el mismo tono de voz, las mismas instrucciones. La mujer, avergonzada ya, casi que pega su oreja al vidrio insistiéndole que no puede escucharlo bien. El tipo no cambia su actitud, la mujer desiste y se marcha a paso resignado, lento, vencida. Qué ganas de sacudirlo y decirle: “¡Pibe, avivate! Es mujer grande que con el ruido del correo y el vidrio que la separa de vos, te está diciendo que no escucha! ¡Ayudala!”.
Y ésta es solo una de las tantas escenas que se ven a diario y que más que molestarme, me irritan, me duelen de verdad. ¿Así trataron acaso a sus abuelos? Malditos pusilánimes administrativos. Y lo lamento si los que están detrás del mostrador no eligieron ese trabajo y no les quedaba otra. Déjenme contarles algo: tampoco se elige envejecer. Y una cosa más, sí, a ustedes les escribo, a los que pierden la paciencia, a los que avergüenzan a los ancianos haciéndoles sufrir la admisión pública de la derrota de sus cuerpos, ustedes también van a necesitar ayuda para cruzar la calle, ustedes también van a enfrentarse con una generación muy diferente a la nacieron y no van a entender un montón de cosas, ustedes también van a obstaculizar el paso de los transeúntes con sus pasos lentos; ustedes van a ser prisioneros de los movimientos involuntarios de sus cuerpos y se ahogarán en sus propias lagunas mentales. Lamento comunicarles que ustedes también van a llegar a viejos.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s