La paz nuestra de cada día

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Ay, la paz. Qué hermosa utopía. Imaginen que en un futuro no muy lejano, se crea una fábrica cuya producto final sea -nada más y nada menos- que la mismísima paz. Sí, así como lo leen: una fábrica de paz donde se la confeccione cuidadosamente, se la empaque y distribuya. Y luego, a partir de ahí, cada uno va y compra un poco de paz. Qué remedio infalible, qué mágica solución. Salvo por aquellos que intentan robarla, existe la posibilidad de un mundo totalmente armonioso y feliz. Esto es lo que propone el joven director y dramaturgo Nahuel Álvarez Ortiz en su brillante opera prima “Fábrica de Paz S.A.”. O al menos eso pensé en los primeros minutos de la obra cuando la historia recién comenzaba porque a medida que avanzaba, el escenario no era otro que cinco empleados encerrados en un diminuto cuarto. Ahí son forzados a trabajar, totalmente despojados de todo lo alguna vez fueron. Aislados entre cuatro paredes, con un único fin: producir la paz nuestra de cada día.

Cuando uno busca información sobre la obra, puede encontrar esta pequeña reseña: “La paz como producto, el miedo como método, el encierro cotidiano, los recuerdos distantes, y el deseo de liberarse… Todo se potencia dentro de la fábrica.” Entonces uno se pregunta si esto no lo leyó antes. Y puede ser que sí, como puede ser que no. Puede ser aún mucho peor: lo podemos estar viviendo en carne propia. “Fábrica de Paz S.A.” se para sobre la ambigua y delicada premisa orwelliana de los pequeños microcosmos que para evitar caer en la decadencia total, fingen una utopía al borde de la desesperación. ¿Y no es eso lo que hacemos nosotros también cuando somos empujados, nos caemos y nos levantamos sacudiéndonos el polvo del cuerpo con un gesto de “acá no pasó nada, está todo más que bien”? Somos animales domesticados bajo el encanto de fingir, aunque por dentro ardamos de angustia.

Párrafo aparte se merece la actriz  Andrea Mansilla, cuya madurez escénica se proyectó en la construcción de su personaje: Juana. Ella ya entiende el juego, ya sabe de qué va todo. Sabe que los medios no van a hacer otra cosa que construir una realidad en lugar de reflejarla, sabe que el que intente escapar de la Fábrica de Paz S.A. difícilmente regrese. Sabe que las reglas del juego no son otras que aceptar en lo que uno se ha convertido. O resignarse también a ser en lo que a uno lo han convertido. Porque somos eso: una experimento social, y pareciera que no nos damos cuenta. Siempre y cuando tengamos nuestra cuota de paz diaria, el mundo puede caerse a pedazos. El egoísmo que ciega, la abrumadora y falsa sensación de paz que nos aturde. Ay, la paz… esa hermosa utopía que cuando cae en las manos equivocadas se convierte en una temida distopía.

Sobre la obra

Si estás por Buenos Aires (o si sos de ahí), te recomiendo ver esta obra: Viernes 23:30 hs. en Teatro El Piccolino (Fitz Roy 2056) | Reservas: 4779-0353 | Entradas : $120 | Dramaturgia y dirección: Nahuel Ortiz Alvarez | Fanpage: https://www.facebook.com/fabricadepazsa

*Lic. en Comunicación Social

Redacción DataRioja

10/06/2015

Twitter: @TinoPop_

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