Nunca es tarde para celebrar

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El 26 de junio, tras la sentencia del caso Obergefell contra Hodges del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que declaró que todos los Estados tienen obligación de conceder licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo bajo la Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, el matrimonio igualitario fue reconocido por el gobierno federal y todos los Estados norteamericanos. Y el mundo estalló celebrando este avance. Alrededor del mundo, se alzaron las voces a favor de esta decisión: no hubo personalidad, institución, marca y red social que no se haya sumado al festejo. De hecho, Facebook creó una aplicación llamada “Celebrate Pride” (“Celebra el Orgullo”) para poder pintar nuestras fotos de perfil con los colores de la bandera gay. Por otro lado, Twitter lanzó el hashtag #LoveWins (“El amor gana”) que fue tendencia mundial. Y parecía que todo estaba bien, hasta que llegaron los quejosos, los snobs y uno que otro homofóbico –aunque de este último grupo no esperaba menos que algún comentario peyorativo, hiriente y hasta ignorante-.

Al explotar la noticia, mi primer impulso fue escribir un tweet recordando que Argentina aprobó el matrimonio igualitario en el 2010 y que me encantaba que nuestro país siga siendo referencia en este tipo de políticas. Agregué después que, les guste o no a algunos, somos uno de los países que más avanzó con políticas de integración en América Latina. Contamos con un gobierno que supo capitalizar las necesidades de aquellas minorías que estuvieron marginadas durante años. Este fue un paso más en la lucha de Derechos Humanos. Lástima que algunos  se enojaron porque la gente celebró más que se haya aprobado en Estados Unidos que cuando se hizo lo propio acá en Argentina y se tomaban como “medidas populistas” similares a ese reduccionismo estúpido de “van por el choripán y la gaseosa” que se suele escuchar.

Hay que calmar las aguas, ¿qué hay de malo con celebrar? Toda esta situación me recordó a esa canción de Joaquín Sabina, “Pie de guerra”: que dice ‘puestos a desangrarnos tú contra yo, ¿por qué no hacemos las paces?’. Esto no es sobre quién lo hizo primero, esto es sobre lo que se está haciendo. Y mientras ellos sigan siendo “solo ellos”, y nosotros, “solo nosotros” seguiremos estando solos, apartados cada uno en nuestras trincheras. Y cuando hablo de ellos, no estoy hablando específicamente de Estados Unidos. Hace poco hablaba por teléfono con mi mamá sobre otros temas, pero me dijo una frase que siempre decía mi abuela y creo que va como anillo al dedo a este tipo de celebraciones: cuando la dicha es buena, nunca es tarde.

DataRioja

01/07/2015

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

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