Un chico de tapa

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Uno entra a la librería empujado por el ímpetu de la curiosidad preguntándose qué novedades habrá este mes, qué clásico puedo llevarme a casa y ponerme al día, qué autor me sorprenderá en el estante de best-sellers. Pero pese a nuestras intenciones más íntimas de sorprendernos ante lo que buscábamos, nuestros ojos desobedientes chocan de lleno con las tapas de un montón de libros. Las tapas, esa carta de presentación que no falla, que atrae como un imán y nos invita inevitablemente a levantar determinado libro de la estantería, de elegirlo de una pila de otros autores, de sopesarlo y husmearlo, revisar la contratapa para saber de qué se trata y lo que vamos a encontrar adentro, y por qué no, también leer ese primer párrafo que es clave en cualquier libro: es como un anzuelo que si falla de entrada, se descarta.

Hay autores que eligen diseñadores que arman la estética de la tapa según la historia como también aquellos que prefieren dejar una obra de arte. En particular, a mí me enloquece la tapa de la novela “Delirio” de Laura Restrepo, una fotografía llamada “Revenge of the Goldfish” de la artista Sandy Skoglund. Me parece fascinante. Otras tapas, más íntimas aún, son fotografías de los álbumes personales de los escritores; claro ejemplo es “Un comunista en calzoncillos” donde aparece la autora de niña, Claudia Piñeiro, tomada de la mano con su padre. A lo que voy es que elegir una tapa de libro, es elegir también como vestirlo: son lo primero que vemos, y su poder comunicativo tiene que cautivar nuestra atención, tanto como el título, tanto como ese primer párrafo.

A propósito de esto, y a modo de comentario, hay una cuenta de Twitter llamado “Harry as books” (@Literary_Harry), que compara fotografías de Harry Styles (miembro de la boy band “One direction”) con tapas de libros, y los resultados son hilarantes. De pronto vemos al muchachito en una fotografía casual, y a su lado, la tapa de algún libro que simule su pose, su mirada, la composición de la fotografía. La idea me pareció genial, y son esos pequeños puentes que se construyen entre los diferentes consumos culturales (la música y la literatura), a través de una estrella pop, es original. Hay que reconocerlo.

No sé quién habrá dicho que no hay que juzgar a un libro por su tapa, me parece que esta sentencia está mal formulada. O al menos incompleta. A lo mejor quién la dijo se apuró, o tenía una tapa muy mala para su libro. Hay que juzgar los libros por su tapa pero una vez que éstos fueron leídos, porque la tapa es como la cubierta que encierra toda esa historia, nos da un atisbo de lo que vamos a encontrar adentro, y una vez que llegamos al punto final, el ritual de cerrar el libro, suspirar y revisar una vez más la tapa no debe ser interrumpido. El arte de elegir la tapa de un libro es la ardua tarea geométrica de cerrar perfectamente ese círculo.

DataRioja

24/06/ 2015

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

Blog: https://unlectorenboxers.wordpress.com

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