Corazón de león

notas_imagenes_67625_41424

Esperar a que llegue el médico, esperar a qué te revisen, te indiquen qué tenés, qué medicamentos tomar, cuánto, cuándo. Transitar una semana enfermo y no encontrar forma humana de ver el vaso medio lleno. Esperar paciente. Porque al final, el nombre mismo te lo indica: sos un paciente más. Otro que debe esperar, otro que está enfermo, otro que la está pasando mal. ¿Y los otros? Los otros no importan. Importa tu mundo, ese minúsculo círculo en el que se ha convertido tu vida por esos días. ¿Dónde se fue el apetito, las ganas de leer, las fuerzas para escribir? Llegan las preguntas. Y luego, la desesperación: los remedios que tardan tanto cuando uno lo único que quiere es saltarse de la cama.

Y en una de esas está uno, recuperándose, cuando haciendo zapping en la tele, el rostro de un pequeño te asalta por sorpresa y te empieza a contar de su enfermedad. Sam Berns nació con una enfermedad congénita llamada “progeria”, que lo hacía envejecer a pasos agigantados a pesar de su minúscula estatura. Le diagnosticaron la enfermedad cuando apenas tenía dos años. Acurrucado en cama, con los antibióticos atacándome el estómago, escuché el relato de Sam en primera persona, con su cara de niño anciano, y sus manos y piernas deformadas por la artrosis. “Life According to Sam” (La vida según Sam) es un documental grabado durante tres años, que lo tiene como protagonista y muestra lo que significa que el cuerpo vaya por un lado y la mente por otro como algo normal. Sam permitió que las cámaras lo siguieran de los 13 a los 16 años con una condición: “No me mostré ante ustedes para que se compadezcan de mí. Lo que quiero es que me conozcan. Esta es mi vida”.

Un pequeño valiente, que para los que estamos postrados en la cama por un par de placas y volando de fiebre lloriqueando por mamá, es como un sacudón. ¿Ejemplo? No sé. Ejemplo de vida siempre me pareció un poco trillado. Este pequeño tenía un corazón de león. Al finalizar el documental, busqué más información sobre él en Google, cómo había seguido su vida después del documental. Y ahí me di con que Sam había muerto tan solo un año después, a los 17 años (el promedio de vida de las personas que padecen progeria es de 13). En una charla TEDx, Sam deja en claro que lo más importante que la gente debería saber sobre él, es que pese a todos esos obstáculos, “tenía una vida muy feliz”. Debe ser por eso que escribo sobre él. Porque al fondo quedaron las placas, la fiebre, las nauseas. De eso se trata, de apilar los obstáculos y seguir, con un corazón de león, dispuesto a hacerle frente a las sombras.

Sam Berns – Charla TEDx: Mi filosofía para una vida feliz: https://www.youtube.com/watch?v=36m1o-tM05g

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

Blog: https://unlectorenboxers.wordpress.com

Data Rioja

26/08/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s