Lo escrito permanece

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Hay palabras que necesitan tomar aire, oraciones que necesitan tiempo para pensar lo que están comunicando. Después uno vuelve y amasa esos textos, los sigue trabajando. A veces retomo esos que dejé por la mitad, que dejé leudando, y los sigo amasando, escribiendo, trabajando hasta lograr algo que realmente me guste leer. Porque al fin y al cabo, uno escribe también lo que le gustaría leer. Y hay momentos, como ahora, que escribo mi primera novela corta, donde retomo textos viejos, los releo, los evalúo, suspiro y me digo a mí mismo: qué reverenda cagada lo que escribiste, pibe. Porque reconocerse un impostor cuando tu texto no te devuelve todo lo que le diste es también parte de la tarea del escritor.

Entonces sucede que cuando releo esos textos que no los siento propios, los abandono totalmente. No hay posibilidad de reciclaje, no sirven, no son funcionales a lo que está sucediendo en la historia: a lo mejor es la elección de palabras, la construcción de las oraciones, la poca poesía con la que se dicen las cosas. Simplemente no funciona. Y no vale mentir, porque un escritor que se miente a sí mismo también le miente a sus lectores: es un farsante. Y no hay peor cosa que engañarse a uno mismo. Hay que avanzar por otro lado, abordar el texto de otra forma, buscar las palabras que encajan justo con las intenciones de lo que se quiere. Así en los textos como en la vida, uno nunca termina de autoeditarse. Esto que estoy escribiendo no está hablando por mí, no es mi voz, ¿qué hago frente a esta hoja llena de palabras que simplemente las tenía que escribir sin otro fin que plasmarlas en un papel y ya? ¿Hacerlas un bollo y desarme de ellas? Tal vez.

Me quedo con lo que me hace bien, con lo que suma, con lo que colabora para que todo lo que estoy escribiendo, crezca. Y en ese eterno proceso de autocorrección al que uno se somete todos los días, hay cosas que se pierden que a largo plazo nos damos cuenta qué tal útil fueron en un momento y que a lo mejor podrían ser útil ahora, ¿pero cómo volver a recuperar los papeles perdidos? Imposible. Porque si con determinación una vez tomamos el coraje para deshacernos de ellos, con el mismo coraje deberíamos enfrentarnos a la realidad de sabernos desnudos frente a una hoja en blanco que nos pide escribir una nueva historia. Al fin y al cabo, hay papeles que ya están volando en el viento. Y hay otros, los que van quedando, donde lo escrito, permanece.

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

Blog: https://unlectorenboxers.wordpress.com

Redacción DataRioja

02/09/2015

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