Entonces, la vida…

Escribo esto en la cocina de casa, despidiendo la última hora de mis 25 años. A mi lado, mi vieja tomando mates. Del otro, un par de libros acumulados. El regalo adelantado de papá (“Cucarachas” de Jo Jo Nesbø), uno que volvió a mis manos después de un largo desencuentro (“Elena sabe” de Claudia Piñeiro), uno prestado que estoy leyendo (“Santa Evita” de Tomás Eloy Martínez), otro que compré en el aeropuerto para calmar los nervios (“Historias de mujeres” de Rosa Montero). Los veo apilados y me doy con que ellos vinieron a mí, de alguna forma circunstancial, extraña, rebelde, caótica; los libros terminan eligiéndolo a uno. Lo azarosa que es la vida, y a mí, que dentro de una hora cumplo 26 años, me sigue sorprendiendo. Mientras escribo, hay una discusión en la pista del Bailando, Nacha Guevara diciendo que está harta de las previas con conflictos. Y mi mamá se ríe, y luego me pregunta a mí, como si tuviese la respuesta, ¿para qué se mete? No sé, mamá, le respondo. Estoy escribiendo una nota para mañana. ¿Y cuándo vas a tener tiempo para hablar? Cuando termine de escribir la nota, má. ¿Y de qué es la nota? No sé, mamá. No sé.

Entonces releo el primer párrafo, la enumeración de los libros que hice y trato de recordar cuál era la idea primaria de este texto. De pronto, el hilo se corta. Ya no sé por dónde ir. La miro a mi vieja que se sigue riendo con Showmatch y su risa, tan burlona, es contagiosa. Me tiento, y me pongo a ver con ella cómo bailan cuarteto en lo de Tinelli. Retomo el texto, pero ya no sé qué quiero hacer, si una reflexión sobre la proximidad de mis 26 años y las lecturas que me trajeron hasta aquí, o qué. Pero mi duda se disuelve con la voz de mi vieja diciéndome algo que no llegué a escuchar porque sigo redactando puro aire. Como no la escuché, le pregunto qué me dijo. Me responde que no importa, que la perdone, que no se da cuenta que interrumpe. No seas tonta, mamá le digo. Si supiera que estoy perdido entre las palabras, que estoy ahogándome en este texto interminable que desconoce totalmente su destino. Sale al patio. Solo el ruido de las publicidades en la tele hace eco en la casa.

Faltan 15 minutos. Tinelli se fue a un corte. Marcelo, el único hombre que me fue fiel desde que nací, suelo joder. Los libros apilados, una madre que quiere hablar y pregunta, un programa de televisión que llena la casa de ruido y un año más que se agota. No hay manera de volver atrás. No hay manera de adelantar esta película. Estoy suspendido en este presente insoportable como una nota musical petrificada en el aire. La vida sigue. La vida es lo que hay. La vida es todo lo que tengo en este momento. En esta pausa, en este recuerdo. La vida es esto que estoy tratando de amarrar con palabras y no puedo. Entonces la puerta del patio se abre y entra mi mamá, entonces las publicidades llegan a su fin, la pausa se termina, Tinelli vuelve al aire. Entonces los libros me vuelven a elegir, para que los lea hoy, para que los lea mañana, o quizás, para que no los lea nunca. Esta es la vida, me digo a mi mismo que no paro de redactar pensando si valdrá la pena publicar esta nota, ¿qué sentido tiene leer tanto sinsentido? Yo escribo para esto, para darle un sentido a la vida. A esta pausa, a este momento, a esto que hay ahora. Entonces llega un año más.

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

Blog: https://unlectorenboxers.wordpress.com

Redacción DataRioja

23/09/2015

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