Mi papá rara vez me pregunta cómo estoy

Mi papá rara vez me pregunta cómo estoy. Generalmente me pregunta “¿Cómo va esa lectura?”, como si a través del libro que estoy leyendo, él pudiese adivinar mi estado de ánimo. Si le respondo que estoy atrapado en un thriller noruego de Jo Nesbø, sabe que ando adrenalínico. En cambio, si le cuento que estoy leyendo a Virginia Woolf, es porque ando buscando inspiración. O estoy medio bajón: creo que no hay nadie que entienda mi tristeza mejor que ella. Si le digo que estoy leyendo a Borges, es porque necesito aprender y fascinarme con las enumeraciones del maestro. O porque lo extraño. No a Borges, sino a él. Papá nunca me pregunta cómo estoy: porque creo que en el fondo, ya lo sabe.

Ahora mi viejo sumó una nueva pregunta: “¿Cómo va esa novela?” y, tal como hizo con mi hermana durante sus nueve meses de embarazo, me acompaña en el proceso de creación, aún a la distancia, a domesticar mi paciencia, a que espere que los textos leuden como si fuesen una masa, a mantener el pulso caliente, a recomendarme lecturas de Piglia o Saccomanno. Y yo, como si tuviese un hijo en el vientre, le voy dando las buenas nuevas: Ya falta poco, Me faltan 2 capítulos, Ya tiene nombre. Pero él no quiere saber el nombre aún. Me pregunta también cuántas páginas tiene, y yo le respondo que pocas: Hasta ahora llevo 53 páginas en A4. “Ah, entonces no es una novela, es como un cuento largo” me dice. “Eso que estás escribiendo es una nouvelle”.

Acto seguido, googleo para leer cuáles son las características de una nouvella y me digo para mí mismo que sí, que mi viejo que tiene razón. Sé que googleo al pedo, porque papá en estas cosas no se equivoca. Como cuando le dijo a mi hermana que lo que esperaba era un varón a las 8 semanas de gestación. Viejo brujo, un visionario de lo que vamos a parir. Yo no sé que espero, solo sé que en algún momento va a salir. Mientras tantos, sigo escribiendo, borrando, corrigiendo, reescribiendo. Voy pariendo de a poco, sin recurrir al apuro de una cesárea literaria. Papá no me pregunta cómo estoy, solo se dedica a ir y venir por los pasillos literarios (a lo mejor como en un laberinto borgeano). Escribir es también saber esperar, y yo sé que en el fondo, mi viejo, me espera.

 

*Lic. en Comunicación Social

Twitter: @TinoPop_

Blog: https://unlectorenboxers.wordpress.com

Redacción DataRioja

18/11/2015

 

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