Instrucciones para enamorarnos todos los días

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Vas a recibirme en casa, colgándote de mi cuello y me vas a dar un beso, el Hola puede venir después. Me vas abrazar y me vas a preguntar Cómo estás, y yo te voy a responder Estoy bien, aunque no lo esté. Después me vas a llevar de la mano al sillón, dónde anidamos todas las noches antes de cenar, y vas a escuchar que tuve un día pésimo en el trabajo, que mi SUBE se quedó sin saldo y que el aumento que me dieron no me alcanza ni como un paliativo para pagar el alquiler de este mes. Y te vas a callar, no me vas a ofrecer ayuda: me vas a abrazar más fuerte y me vas a volver a besar. Entonces yo, en ese momento, voy a empezar a sonreír. Luego me tocará a mí: te voy a decir Hola, cuando tenga tu nariz a 5 centímetros de mi nariz, y vos vas a volverme a saludar: Hola, me vas a decir. Y te voy a preguntar Cómo estás, y vos me vas a decir que Estás bien, y yo te voy a creer, aunque tus ojos digan lo contrario. Voy a hacer una mueca con mi boca, y te voy a agitar para que me contés lo que te pasa. Entonces vos me vas a decir la verdad, Estoy cansado, Cansado de qué, De la rutina, de la universidad, del trabajo. Y yo por dentro, voy a suspirar aliviado porque en la lista de las cosas que te tienen cansado, yo no aparezco. Tampoco aparecemos Nosotros. Vuelvo a vos, y te digo, mientras meto mi mano por debajo de tu remera para rascarte la espalda, Tranquilo. Te digo que Todo va a estar bien, y que lo malo pasa. Entonces vos te vas a acurrucar en mi pecho, y vas a rodear mi cintura con tus brazos. No vas a decir nada. Y nos vamos a quedar así, por un par segundos, sin nada qué decir. La tele va a permanecer apagada, delante de nosotros. La calefacción nos va a empezar a adormecer. Entonces te voy a pegar una palmadita en la cola. Te voy a decir el apodo que yo solo te digo, ese que queda entre nosotros y que no sale de estas cuatro paredes. Te voy a dar otra palmadita y te voy a decir: Dale, levantate que hay olor a quemado. Y vos te vas a despabilar de golpe, y vas a abrir los ojos grandes como huevo duro y vas a decirme: Uh, las milanesas en el horno. Te vas a levantar de un salto y vas a ir a la cocina. Mientras caminas en dirección a la cocina, voy a mirar tu espalda. Y también te voy a mirar el culo. Y voy a sonreír de nuevo. Entonces yo tomaré impulso y me levantaré del sillón. En el sillón quedará un hueco, el que dejaron nuestros cuerpos. Iré a la cocina y pondré la mesa mientras vos sacás las milanesas del horno y me decís, sonriendo, que no se quemó ninguna. Yo no te voy a decir nada. Pero te voy a sonreír. Luego vamos a comer en silencio. Y yo te voy a mirar, y vos me vas a mirar a mí. Me vas a sonreír. Y yo te voy a pedir la sal. Y vos me vas a decir que le ponga poca sal a la comida, que no le hace falta. Yo voy a hacer de cuenta que no te escucho, aunque por dentro voy a estar agradecido. Me vas a agarrar la mano. Me la vas a apretar fuerte. Te extrañé, te voy a querer decir. Pero no te voy a decir nada y te voy a agarrar tu mano libre con mi mano libre. Así como vos apretas la mía, yo voy a apretar la tuya. Vamos a dormir, te voy a decir. Vamos, me vas a responder, aunque sabés que yo tengo ganas de todo, menos de dormir. Entonces me voy a desvestir primero para no perderme el espectáculo que me das cuando te desnudas. Te vas a quedar parado así, desnudo por unos segundos, y vas a esperar que yo te agarre de la mano y te tiré a mi lado en la cama. Entonces te voy a besar, y vos te vas a dejar besar. Y te voy a tocar todo, y vos te vas a dejar tocar. Después, vamos a coger. Vamos a coger y a destender la cama. Llegará un momento en que no vamos a poder distinguir dónde termina mi piel y donde empieza la tuya. Vamos a ser una sola cosa. Un solo cuerpo. Un solo gemido. Una sola persona. Vas a mirarme a los ojos mientras yo te veo acabar. Luego voy a acabar yo y me voy a desplomar a tu lado. Me vas a sonreír de nuevo, y me vas a decir Cochino, andá a lavarte. Entonces yo te voy a ver de reojo, con el corazón en la boca, y no te voy a decir nada. Me voy a levantar y, una vez que llegue al baño, me voy a dar un baño. Mientras cae el agua de la ducha, voy a cerrar los ojos. Vas a venir, vas a querer mojarte conmigo. Te voy a lavar la espalda con jabón, te voy a besar el cuello. Te vas a dejar bañar, te vas a dejar apoyar. Voy a apagar la ducha. Hay solo una toalla. Me voy a secar rápido y te voy a cubrir los hombros mientras te veo tiritar. Gracias, me vas a decir. Y yo te voy a estampar otro beso. Vamos vestirnos solo con nuestra ropa interior y nos vamos a meter rápido bajo las sabanas. Voy a programar el celular, para que suene a las 8 am. Te voy a recordar: No te olvidés de poner la alarma. Vas a recodar: Uh, mañana entro a las 8 am. Me doy vuelta y agarro de nuevo mi celular: reprogramo la alarma las  7 am. No te voy a dejar que te vayas sin desayunar. Pero no te digo nada, prefiero sorprenderte a la mañana. Sé que con este gesto me voy a ganar un beso de desayuno. Me vas a pedir que no ronque esta noche. Y yo te voy a hacer un chiste malísimo. No ronco, sueño que soy una moto, te voy a decir. Y vos te vas a reír igual mientras te mordés los labios. Qué gil, me vas a decir. Ah bueno, te voy a contestar yo indignado. Y luego, me daré vuelta en la cama, simulando estar ofendido y no te voy a decir nada más. Voy a contar los segundos. Uno, dos, tres, cuatro. Me vas a abrazar por detrás. Y yo me voy a dejar abrazar. Y nos vamos a dormir, una vez más, sin saber que seguimos al pie de la letra, instrucciones para enamorarnos todos los días.

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