Día Internacional de la Lucha contra el Mal de Alzheimer: Un día más, pero no cualquiera

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Escribo esto un 21 de septiembre. Escribo esto último porque sé que hoy es 21 de septiembre. Mi cabeza me recuerda que ayer fue 20 de septiembre y que, indefectiblemente, hoy es 21. Sé también –porque mi memoria así me lo hace saber- que mañana será 22 de septiembre. Y que luego viene el 23, el día de mi cumpleaños. Tengo en claro que ayer fue ayer, que hoy es hoy y que mañana será mañana. Tengo en claro que hoy, 21 de septiembre, los estudiantes van a festejar sus días y las flores harán lo propio con la llegada de la primavera, e incluso sé que en un par de días voy a festejar mi cumpleaños. Se festeja lo que se debe festejar según indica el calendario, casi por default: vivimos lo obvio y lo apabullante que es la rutina, sin darnos cuenta que el olvido se desliza ferozmente en el calendario, apoderándose de nuestras horas. Apoderándose incluso de nuestros recuerdos.

Pasado, presente, futuro. 21, 21, 22, 23. Y así, todos los días: la cuenta es automática: sabemos en qué día estamos parados (por ahí la mente te juega una mala jugada, pero luego caes en la fecha que estás viviendo), como si fuésemos tecno-humanos programados y totalmente invulnerables al paso del tiempo. Unas bestias urbanas, domesticadas por el tic tac nervioso del reloj. Hora de hacer esto, hora de hacer aquello. Entonces va quedando en el calendario un par de marcas –ya no importa aquí si la agenda es analógica o digital: anotamos hitos. Un regreso a casa, un aniversario, un viaje programado, una entrevista de trabajo. Pero allá, en el fondo del calendario, también van quedando los otros, devorados por esa arena movediza que es el olvido.

Los otros: ellos, que no saben qué día viven (si 20, si 21, si 22, si 23, si 24…), ni mucho menos qué mes ni en qué año. Ellos, que a lo mejor, tampoco saben dónde están parados. O a lo mejor sentados, inmóviles ante el paso del tiempo. Porque el mal del Alzheimer es así: un tanque de guerra inclemente, silencioso, agresivo e invasivo. Es una enfermedad progresiva que va por todo: arrasado primero con la memoria a corto plazo –si sus cerebros pudieron escribir algo hoy, entonces mañana ese ayer ya no existe-. El Alzheimer desaloja de la memoria toda instantánea instalada ahí: te envuelve, te fagocita, te devora sin piedad. Entonces, no sabés si estás hoy es 21 de septiembre o 15 de marzo del año 2016 o de 1964. Porque al olvido todo le da igual: empuja a todos los recuerdos a un abismo, una planicie sin tiempo, una constante insoportable. Una nota musical suspendida en el aire.

Por eso escribo hoy, un 21 de septiembre. Escribo por ellos, y para recordarte que cada 21 de septiembre, además del día del estudiante y la llegada de la primavera, es también es el Día Internacional de la Lucha contra el Mal de Alzheimer. Por eso escribo hoy, porque para ellos es un día más; pero para nosotros –los que aún gozamos de la plenitud de nuestra memoria-, no es un día cualquiera: tenemos la oportunidad de recordarles cuánto los queremos. Aunque estén perdidos, desesperados, impacientes, rebeldes o totalmente apáticos, les recordaremos que vamos a seguir de pie por ellos. Para decirles –por enésima vez si hace falta- que hoy es 21 de septiembre, y que ayer fue 20 y mañana será 22, para decirles que miren por la ventana: que la primavera también llegó para ellos.

 

*Lic. en Comunicación Social

Redacción DataRioja

21/09/2016

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