Mamá, musgo, monotemático

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— Escribí.

— No quiero.

— ¿Por qué?

— Porque cada vez que escribo algo, siento que una parte mía desaparece.

— Pero esa es tu función, para eso te creamos.

— ¿Para desparecer?

— No, para escribir. Aunque te duela, tenés que escribir.

— No, no, no. No me entendiste. No es que me duela escribir, es que estoy borrándome con cada palabra que dejo sobre el papel.

— Pero vas a pasar a la inmortalidad.

— Ni que fuera un héroe.

— No, no sos un héroe. Pero tenés más valentía que uno.

— Callate, me decís eso porque lo único que querés es tener tu texto listo para publicar sin importarte las consecuencias.

— Me hablás como si no me conocieras.

— Te conozco lo suficiente como para saber que estás tratando de convencerme. Lo único que te importa a vos es el texto, el texto, ¡el texto de mierda!

— Sabés que no ganás nada enojándote.

— Ni vos presionándome.

— Sí. Claro que sí: yo voy a tener mi texto. Por eso vine, por eso estoy aquí.

— Pero a costa mía.

— No lo pienses en esos términos.

— Son los únicos términos posibles.

— …

— ¿Qué?

— Me cansa cuando te ponés así, cuando pensás todo en términos de “pérdida” o “ganancia”.

— Porque a vos no te conviene que piense más de la cuenta, a vos lo que te conviene es…

— Que escribas. Para eso estás aquí, para eso te creamos.

— ¡¿Pero para qué me crearon si luego me van a hacer desaparecer?!

— ¿De nuevo con ese tema? Te volviste monotemático.

— Me gusta esa palabra.

— ¿Cuál?

— “Monotemático”.

— ¿Sabés qué significa?

— No. Pero intuyo.

— A ver, ¿qué intuis?

— …

— Dale, no tengás vergüenza.

— No.

— Hagamos un trato: yo te digo qué es ser “monotemático” si al menos escribís una letra. Por ejemplo, la “M”.

— ¿La “M” de “mmmonotemático”?

— Sí, la “M” de “monotemático”, de “mamá”, de “mujer”, de “mirada”, de “musgo”.

— Sabés muchas palabras con “M” que yo no conozco.

— ¿De las que te mencioné recién cuál no conocés?

— Dos.

— ¿Cuáles?

— “Mamá” y “musgo”.

— Hagamos un trato: si vos escribís la letra “M” aquí, te enseño lo que es ser monotemático. Y a cambio de dos letras más, te digo qué es “mamá” y qué es “musgo”.

— Siempre me hacés lo mismo.

— …

— …

— …

— ¿Así está bien?

— ¡Perfecto! ¡Te salió una “M” perfecta! ¿Ves que sí podés?

— Ahora decime qué es ser “monotemático”.

— Que habla siempre del mismo tema.

— ¿Y qué más?

— Y eso es todo.

— ¿Eso es todo?

— Sí, eso es todo.

— ¿Y “mamá”? ¿Y “musgo”? ¿Qué tienen que ver con “monotemático”?

— Que las 3 palabras empiezan con “M”.

— Sí, eso ya me dijiste, ¿pero qué es “mamá”? ¿Qué es “musgo”?

— Teníamos una promesa.

— Uh, dale.

— Una promesa es una promesa.

— …

— Ahora escribí la A y R.

— ¡Esas sí las sé! ¡Mirá, mirá!

— Muy bien, ¿ves de todo lo que sos capaz cuando querés?

— Ahora me vas a decir qué son “mamá” y “musgo”.

— “Mamá” es una mujer que te da la vida, y “musgo” es una planta que crece en lugares húmedos.

— ¿Entonces vos sos mi “mamá” y yo soy tu “musgo”?

— …

— Dale. contestame por favor.

— Sabés que no puedo hablar más de la cuenta. Mi función aquí es hacer que escribas, necesito este texto para mañana a primera hora.

— No siento las piernas.

— Es porque estás aprendiendo.

— No me gusta aprender así.

— Es la única manera de aprender todo.

— …

— ¿Por qué llorás?

— Porque no sé qué es “todo”.

— Pero sí sabés con qué letra empieza.

— Sí, con los dos palitos. Con la T.

— ¿La podés escribir al lado de las otras tres letras?

— “Tres” también empieza con “T”. Y “también”, también.

— Cada día que pasa tu inteligencia me asombra más, me enorgullece en lo que te has convertido.

— ¿Aunque esté desapareciendo?

— …

— “Mamá”, te hice una pregunta.

— Te la respondo si escribís al lado de MART, la primera letra de la palabra “inteligente”.

— ¡Eso es lo que soy! ¡Vos me lo dijiste recién!

— ¡Sííííí!

— Mirá, mirá, mirá… M, A, R, T, I.

— …

— …

— Falta la última letra y terminamos.

— Pero, pero…

— Nada de peros, tenés que ser valiente.

— No quiero ser valiente, quiero ser como los otros.

— Pero los otros no escriben,

— Por eso están completos.

— Al lado de la I, va la primera letra de las siguientes palabras: “nariz”, “nuez”, “número”.

— “Nada”.

— Ahá, ¿y esa palabra dónde la aprendiste? ¿La escuchaste aquí adentro?

— No sé. Se me acaba de ocurrir. ¿Qué significa “nada”?

— Te lo cuento si la escribís al lado de la “I”, la “N”.

— …

— Así, ¡muy bien!

— En eso me voy a convertir.

— ¿En qué?

— En lo que pasa después de que termine de escribir esto.

— ¿En “MARTIN”?

— No. En “nada”, ¿verdad?.

— Martín, te recuerdo que fuiste creado para este propósito.

— ¿Y para qué me hacés escribir, y aprender tantas palabras bonitas como “mamá”, “musgo”, “monotemático” si al final esto va a termin-

— …

— …

—Experimento 2309/89 terminado.

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