Lo cotidiano

 

peony-flowers-in-glass-jar1.jpg

Si pudiese encerrar en un frasco este sol, me lo llevaría. Desenroscaría la tapa y metería adentro este otoño, esta mañana, este olor a perro que me dejaron mis mascotas en la mano cada vez que se acercan a pedirme cariño. Enfrascaría este amarillo, esta estación, estos sonidos urbanos, el canto de los pájaros mezclándose con el ruido de los motores que desfilan por frente de mi casa. Pero no puedo hacer ni lo uno ni lo otro. Ni enfrascar este momento, ni llevarme todo esto. Entonces escribo. Escribo para sujetar este minuto, estas horas, este calor del día 20 de abril a las 12:41.

*

Graciela se va de casa sin despedirme. La veo cruzar delante de la ventana con su campera puesta, pensando que a lo mejor solo se va hasta el kiosko del frente a comprar algo y volver en pocos minutos. Pero Graciela no va a volver. No hoy. No este jueves. Me paro y veo, a través del vidrio de la ventana, que Graciela se sube al remise y se va. Entonces, en lugar de salir a la calle y detenerla, me interno en la casa a preguntarle a mi hermana lo obvio: si Graciela ya se fue. “Sí, pero me dijo que no te podía despedir. Estuvo hablando de su hijo y se fue con los ojos brillosos”, me cuenta.

 *

Mi hermana me pregunta si yo tengo la correa de la perra aquí. Aquí, en el estudio. Aquí, mientras escribo esto. No, le respondo. Pese a que Uma, la perra, estuvo jugando hace un rato con el cargador de la compu, la correa no está en el estudio. Yo sigo pensando en Graciela, que no le gusta despedirse; e inevitablemente pienso en los años vivimos juntos, los dos, cuidando a mi abuela Sara en esta casa. “Ay Dios, la perra ya meó de nuevo adentro” se queja mi hermana, mientras agarra un trapo y se pone a limpiar. La correa sigue sin aparecer.

 *

A veces siento que lo cotidiano se nos presenta como un regalo, otras veces que se nos despedaza en las manos de a poco y no nos damos cuenta. Que cuando queremos volver el tiempo atrás es tarde, y que cada uno sigue su día como puede. Como Graciela yéndose sin despedirme, como mi hermana fingiendo estar enojada con Uma por los charcos de orina que va depositando en la casa limpia. O como yo, que escribo sin parar intentando agarrar entre estas palabras este jueves, este sol de abril, este otoño, este frasco que por más que quiera, no me puedo llevar cuando me vaya.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s