Un siglo para olvidar

GGM Mariposas

¿Desde qué lugar se puede hablar sobre “Cien años de soledad”? ¿Desde todo lo que representa para la literatura latinoamericana? ¿Desde todo lo que representa para la literatura universal y punto? ¿Desde qué lugar uno puede incluso animarse siquiera a escribir sobre “Cien años de soledad”? Si de este libro se habló, se habla y se seguirá hablando. Si de este libro se escribió, se escribe y se seguirá escribiendo. Si de este libro ya se estudió su historia, su curva narrativa; la construcción de sus personajes y el mundo que los rodea: Úrsula Iguarán y su ceguera, Mauricio Babilonia y sus mariposas amarillas, el gitano Melquíades y sus pergaminos.

Quienes leemos —y los que tenemos el atrevimiento aún más de escribir— bajo la sombra de Gabriel García Márquez, ¿estamos destinados a defender el legado de este libro y a reforzar su vigencia entre nuestros pares y en las futuras generaciones? No sé. Son muchas preguntas las que me hago con respecto a “Cien años de soledad”, y presiento que intentar esbozar una respuesta al cumplirse los 50 años desde que este libro se publicó por primera vez, no es más que un intento fallido, predestinado al naufragio literario.

Yo tardé 23 años en aterrizar en Macondo. No por falta de oportunidades. En absoluto: mi papá no tiene una, sino hasta tres o cinco ediciones del libro desparramadas por cada rincón de las bibliotecas de mi casa en La Rioja. Pero por A o por B, nunca pude entrar a ese libro que -como por arte de magia- parecía reproducirse como conejo en una caja de espejos. No fue hasta que me vine a vivir a Buenos Aires, y acá, desde donde escribo -lejos de casa-, busqué mi propio ejemplar de “Cien años de soledad” y caí en él como Alicia por la madriguera.

Recuerdo que llegando al final, mientras mis ojos recorrían las últimas palabras de esta historia, un mundo viejo y obsoleto empezaba a desaparecer para dar lugar a uno totalmente nuevo, dinamitado por la magia y lleno de posibilidades. Recuerdo, también, que al cerrar el libro, le escribí de manera urgente a mi papá para decirle lo siguiente: «Gracias viejo, siento que con este libro aprendí a leer de nuevo». Sí, tardé 23 años en llegar a “Cien años de soledad”, pero estimo que me va a tomar más de un siglo, si es que quiero, salir de ahí. Eso: si es que quiero.

​Redacción DataRioja – Miércoles 31 de Mayo, 2017
*Licenciado en Comunicación Social (UNLaR)
Twitter: @CMartinAlanis​

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